Un asunto agónico Humberto T. Fernández

 

Hace un año, Jorge Valls falleció en la ciudad de Miami, con la que siempre tuvo una relación entre ambivalente e incómoda. Como lo fue su relación con casi todo, incluso con su propia biografía, excepto en lo que respecta a la trascendencia, de un sello definitivamente cristiano y católico. He repasado las muchas conversaciones con Jorge durante mañanas, atardeceres y noches oscuras. Era un hombre bueno, demasiado quizás para fatigar los avatares de la política. La revolución fue siempre para él lo que la república para los liberales europeos del diecinueve, solo que, en los nuevos estados nacionales de las Américas, nacidos de las colonias, revolución y república se implican y se imbrican hasta hacerse inseparables.
 

He vuelto sobre Jorge Valls, no solo para recordarlo a un año de su muerte, sino también porque, por estos días, Patrias. Actos y Letras —la plataforma digital que se propone (re-)establecer ciertos códigos de decencia y honradez, objetividad y compromiso en el acercamiento a Cuba, su pasado, presente y futuro— nos regaló un material audiovisual producido en Cuba, por jóvenes cubanos, “Los amagos de Saturno”, documental concebido, escrito y dirigido por Rosario Alfonso, sobre uno de los capítulos más enrevesados de la historia política cubana, el caso Marquitos. Marcos Rodríguez fue identificado como el posible delator de cuatro de los asaltantes al Palacio Presidencial el 13 de marzo de 1957 que habían sobrevivido a la acción y se encontraban en la clandestinidad. Después del triunfo revolucionario de 1959, fue detenido en circunstancias muy oscuras mientras se encontraba destacado en la embajada cubana en Praga, en 1961, y trasladado a Cuba bajo cargos de espionaje. En 1964 se celebraron dos juicios, una primera audiencia que lo halló culpable, pero en la que sus acusadores, miembros del Directorio Revolucionario, aludieron a su formación comunista como posible factor de la delación, lo que conllevó a que se celebrara una segunda audiencia pública y televisada que se convirtió en un juicio político, en un momento en que la unidad de las fuerzas revolucionarias era factor determinante para la supervivencia y consolidación de la revolución y su programa de transformaciones sociales, políticas y económicas.
 

Jorge Valls y Marcos Rodríguez (Marquitos) eran amigos, así lo reclamó siempre Jorge y, con ello, siempre reivindicó la inocencia de Marquitos, acusado, y diría que probado, delator de los asaltantes al Palacio Presidencial que se habían refugiado en una casa de seguridad del Directorio Estudiantil Revolucionario. Esta historia no es harto conocida, pero ha sido largamente confundida, a propósito, o sin él. El documental es una valiosa recopilación de entrevistas con diversos participantes en los hechos que narra y material fílmico de archivo, todo hábilmente dispuesto, que deja con hambre de conocer o, al menos, de indagar, de buscar otras fuentes. Encontré un par de documentos: “Segunda Vista del Juicio contra el Delator Marcos Rodríguez”, publicado en el número de Bohemia del 3 de abril de1964 —digitalizado por Latin America Studies— y el libro “Un asunto sensible”, del escritor español Miguel Barroso, publicado por Mondadori, Barcelona, 2009.
 

“Un asunto sensible”, de Barroso, es el típico libro del intelectual español progresista que une a una prosa escrita en el “español de la transición” —que no rinde tributo a esa gran lengua y su tradición, sino que parece ser una traducción del inglés que usa la prensa liberal norteamericana en su sección de reportajes— la incomprensión más básica de la historia política cubana, los resortes y los asideros de la política revolucionaria cubana. El autor está definitivamente casado con la idea de que la revolución cubana es un gran fraude, no ve en ningún movimiento de la dirección de la revolución otro propósito que el de asumir el control absoluto del poder y su perpetuación, no concede a la revolución sino la avaricia, la rapiña y la desmoralización a que algunos políticos españoles “de la transición” tienen acostumbrado al pueblo español. Le tomó años y viajes al autor redactar su obra que, merece también que se diga, es importante o valiosa por la información que recopila, las fuentes que logra consultar y los testimonios orales y escritos recogidos. Pudo ser un excelente libro de reportaje investigativo sobre historias de la revolución en el que la exposición de los hechos meritara circular como material de referencia, pero terminó siendo un thriller, en el mejor de los casos un best seller para retirados españoles, u ocasional lectura de verano. Jorge Valls es una de esas fuentes orales que usa Barroso, aquí en Miami, lo trata con respeto, creo que es una de las partes más logradas del libro, al menos en su aspecto literario. Cuando lo leía, me parecía estar escuchándolo, a él, al Jorge que en varias ocasiones me contó la anécdota del juicio, de la entrevista que tuvo con Fidel, y en la cual, según Jorge, Fidel le pidió que dijera todo lo que supiera, aunque fuera desagradable, de la personalidad, inteligencia y sensibilidad de Marquitos. Pero lo escuchaba ahora, desde las páginas del libro, con una sonoridad distinta —ahora tenía otras historias de Marquitos, no solo el Marquitos de Valls, que no era una caricatura, pero sí ese dibujo muy suyo de los otros, especialmente de aquellos por los que sentía especial afecto. La intervención de Jorge Valls en el juicio, el único en defender al acusado, fue televisada y publicada en Bohemia. Una intervención muy a su aire y estilo. No he podido encontrar una sola acusación a Jorge Valls como “individuo deshonesto” en la transcripción del segundo juicio, pero los militantes del Directorio y los miembros del tribunal lo acusan de no ser revolucionario. Fidel, no. Fidel se refiere a Valls con distancia política y legal, y no dice nada que disminuya el valor del testimonio de Jorge.
 

De alguna manera la biografía de Valls es la biografía de una época que termina e inicia otra, desde el lenguaje y la sensibilidad hasta las formaciones y las caracterizaciones políticas. Desde un punto de vista estrictamente político y revolucionario, las opciones de Valls son desatinadas, pero desde una perspectiva más universal la vida de Valls es un llamado a la virtud y la bondad, aun a destiempo. Personalmente, esos momentos tremendos, fundadores, dramáticos, de decisiones a rajatabla me resultan insoportables—no hay transiciones, ni compromisos. Pero esos son los momentos que han definido—ay, ¡pecados de vanidad histórica!—  la historia más reciente, no solo de un país, sino de un continente, del mundo. No por la calidad de “cubanos”, sino por la calidad de enfrentar radicalmente la causa última. No se busca la gloria, cabe, la gloria, en un grano de maíz, es la responsabilidad de asumir un legado, una herencia, que la ligereza quiere descargar de todo sentido, de todo destino, posible o no.
 

Escucho sobre Cuba, leo sobre ella, creo ver cosas que no sé si son espejismos, fantasmas que están de vuelta, o meros augurios. Miro al pasado, el mío… Medito lecturas que en otro tiempo no fueron “mis lecturas” … Me muevo, con pesadez, en “lo cubano” reciente… y siento temor… y siento asco de tanto apátrida voluntario; porque duele que te exilien, pero se goza el exiliarse. Y se fabrican montones de falsas escrituras y se caricaturiza el dolor y la pertenencia, y se lee a Cuba desde ángulos impertinentes, y se lee, también, desde el autonomismo y la copia
 

Pienso también en los Marquitos que se fueron fabricando desde la propia invención de sí mismo, en las historias, en su misma historia que adulteraron u ocultaron. Pero pienso, sobre todo, en su padre, abandonado, quién sabe, sobre catre oscuro, y que no tuvo más luz que la luz del otro mundo…Solo, abandonado por todos, de las manos del miedo y la angustia. Lo veo caminar, en aquellos años luminosos para muchos, con la tosquedad del que no ve, a buscar su ración de pan y de leche, de huevos y escasas carnes, esperando que lo sepultasen también en fosa común, para tener, en esa hora, algo en común con el hijo que en vida lo aborreciera. Porque parece que este ser, Marquitos, resentido por el origen, patológicamente incapacitado para la virtud, a ese hombre, su padre, freudianamente o no, lo abominaba, sediento de la gloria pasajera. La Historia es más grande que la historia, que el cuento o la narración de la historia. La grandeza de Jorge Valls se estrella contra sus afectos primarios —no supo separar la hierba buena de la cizaña que en él, en Jorge, tuvo unas implicaciones que no en otros. 
 

Las varias narraciones aquí mezcladas llevan la unción de Cuba —Jorge, el documental “Los amagos de Saturno”, el caso Marquitos, la revolución cubana, los destinos políticos de la patria. Es un desvelo, una obsesión que no me abandona y que no sé desterrar. Pensar Cuba con un estilo que no se comprometa con la ligereza o el escándalo… Uno quiere siempre superar la realidad a fuerza de buscar un decir que trascienda y parezca tan intelectual, tan espiritual, tan único, que termina fabricando la falsificación de lo falso. Aspiro solo a escribir sobre estos asuntos tan agónicos, tan íntimos, como una suerte de exorcismo del alma de la blasfemia de ser otro distinto de lo que pude ser.
 

26 de octubre y 2016