Una doble miseria: BHL y los chalecos amarillos* Michel Onfray

 

 

*Publicado originalmente con el título “Le message clair des gilets jaunes à BHL” en la semana del 19 de noviembre de 2018 en MichelOnfray.com. Reproducido en Les Crises. Espace d’autodéfense intellectuelle el 3 de diciembre de 2018. Traducido del francés por Rolando Prats para Patrias. Actos y Letras.

 

 

En un momento en que la Francia pobre y humilde de los chalecos amarillos nos hace saber sus dificultades para alimentarse, alojarse, vestirse, y su imposibilidad de ofrecerles salidas, tiempo de ocio o vacaciones a sus hijos, Carlos Ghosn, gran patrono francés (pero también brasileño y libanés, pues tiene triple nacionalidad), es arrestado en Japón por evasión de impuestos... Pobrecito: ¡ganaba sólo 16 millones de euros al año! Tenía que ahorrar algo con tal de sobrevivir... apenas.

 

En ello veo un símbolo de la pauperización generada por el liberalismo con que Mitterrand, en 1983, puso al lobo a cuidar a las ovejas, en mente los intelectuales mediáticos de la época, los llamados Nuevos Filósofos[1]. Pobres cada vez más pobres y cada vez más numerosos, y ricos cada vez más ricos y cada vez menos numerosos: ahí tienen lo que significa pauperización. El Imperio de Maastricht es la criatura de los clones de Carlos Ghosn, que pauperizan a diestra y siniestra. Macron es uno de ellos.

 

Los periodistas de los medios dominantes pregonan por doquier que el mensaje de los chalecos amarillos es confuso, invisible, ilegible, dispar, difuso, múltiple, contradictorio: no, no lo es. Es incluso muy claro: lo que denuncian los chalecos amarillos es simplemente eso: la pauperización.

 

Como puede verse en los reportajes, los chalecos amarillos no son gente dotada para la retórica y los sofismas, la dialéctica y el verbo. Simplemente dicen cosas sencillas y claras que los graduados de las escuelas de periodismo, de Science Po, la ENA o la Normale Sup[2] no entienden porque son cosas que rebasan su entendimiento. Son personas pobres, y la canalla que detenta el poder, político, mediático y económico, no sabe lo que significa tener que dar de comer a una familia entera con cinco euros por comida. No lo sabe...

 

Qué fácil difamar a esa gente humilde como lo hacen Libération y Le Monde, L'Obs[3] (con un asqueroso artículo de un tal Courage, probablemente un seudónimo...), o incluso el indescriptible BHL[4]. “Estos pobres que dicen que son pobres y que ya no pueden seguirlo siendo, ¡qué tosquedad, qué grosería, qué falta de modales!” ¿Y esos periódicos? ¿Acaso son de izquierda? ¿Quién puede seguir creyéndoselo?

 

“Pobres no, ¡cabrones!” dicen Quatremer & Joffrin, Courage & Askolovitch (que me inunda con mensajes de texto insultantes en los que me dice que a nadie “le importa un bledo” lo que escribo, excepto a él, aparentemente...), Xavier Gorce, caricaturista de la edición vespertina de Le Monde, y BHL. Pues todos se suscriben como uno solo a la ocurrencia que se le escucha decir a Gabin en La Traversée de Paris, película de Claude Autant-Lara, antiguo miembro del Frente Nacional versión Jean-Marie Le Pen: "Pobres no, ¡cabrones!" ¡El velo del templo se ha rasgado en dos!

 

BHL escribe: “Poujadismo[5] de los Chalecos Amarillos. Fracaso de un movimiento que se nos anunció que iba a ser masivo. Irresponsabilidad de los canales de noticias que atizan y dramatizan. Apoyo a Macron, a su lucha contra el populismo y a la fiscalidad ecológica” (17 de noviembre de 2018). Pasémonos de la retórica del personaje, quien desde hace mucho tiempo dejó de pensar y solo funciona por anatema —peste negra, rojos negros, poujadistas, fascistas, nazis, estalinistas, petainistas[6], vichystas[7], maurrasianos[8]… son algunas de las argucias predilectas para poner en la picota a cualquiera que no piense como él. ¡BHL posee el récord mundial de la ley de Godwin! En su caso, el insulto hace tiempo reemplazó cualquier argumentación digna de ese nombre. En su registro de insultos, olvidé decirlo, también llegó a figurar “saddamista”...

 

Ese es el neologismo inventado por BHL para insultar a Jean-Pierre Chevènement durante la Guerra del Golfo. En aquella época, ¡a BHL no se lo trataba de homófobo! Es cierto que sus amigos en la prensa son muchos y que dispone de un equipo eficaz que depura de sus tonterías la red y las envía de vuelta a las páginas invisibles—compruébenlo buscando en la red "BHL saddamite Chevènement", y no encontrarán nada, limpieza total... ¡Increíble! Pues en su Bloc-Notes. Questions de príncipe cinq, página 141 de la edición de Le Livre de Poche, todavía se lee: "Chevènement saddamista y filoserbio". Espero que, de los Inrocks a Libération, de Le Monde a France-Inter, se denuncie esta homofobia que se me imputó hace poco por no haberme suscrito al dedo que alguien le había enseñado a Macron en su visita a las Antillas francesas y que parecía haber dejado extasiado al Presidente de la República, y de lo cual di fe de manera más bien irónica. Es cierto que BHL y el humor no pegan....

 

BHL, que hace tanto para que se hable de sus libros en cada uno de sus presentaciones, quisiera que no habláramos de los chalecos amarillos en los medios de comunicación. Como si fueran los periodistas quienes crearan la realidad…

 

La pobreza existe porque la mostramos.

 

No la mostremos.

 

De esa manera, dejará de existir.

 

"Francia: los días de la rabia", documental de Euronews sobre los chalecos amarillos

Así es como se aprende a pensar en la École normale supérieure. Censuremos a esos chalecos amarillos en la televisión, preguntemos a France-Culture cómo hacer para taparles la boca en las emisoras del servicio público, y silenciemos a esa escoria populista, criptofascista, leprosa, vichysta, petainista y nazi: ¡no nos prohibamos nada! Porque cualquiera que pida de comer para sus hijos es un populista de basura, por supuesto...

 

Que BHL apoye a Macron no tiene nada de anormal. Junto a Stéphane Bern y los Bogdanoffs, Line Renaud y Philippe Besson, cada uno lo mejor de su gremio, le han rendido pleitesía al Príncipe. Los hubo incluso que fueron más listos y se fueron a Bercy a tomarse la sopa que el contribuyente había pagado y que sirvió para preparar las elecciones presidenciales. No se servían allí comidas de cinco euros…

 

Por último, no es de extrañar que BHL, al igual que su amigo Cohn-Bendit, apoye los “impuestos ecológicos”: BHL retoma la fórmula según la cual los ingresos generados por esos impuestos se destinarían a la fiscalidad verde, cuando en realidad van a parar mayormente a las arcas del Estado, como la revista Que choisir hubo de poner en evidencia en un reciente artículo.

 

Para difamar a los chalecos amarillos, periodistas y redactores de editoriales afirman que aquellos rechazan el sistema fiscal, que están en contra de las tasas, que protestan por los impuestos, que son reacios a pagar tasas ambientales. Falso. Es Carlos Ghosn quien se niega a pagar sus impuestos, así como los ricos que han invertido su dinero en paraísos fiscales con el consentimiento del Estado francés, no los chalecos amarillos, que están dispuestos a pagar impuestos directos e indirectos, pero que se rebelan cuando esos impuestos, que deberían utilizarse para pagar los sueldos de los funcionarios públicos, para hacer funcionar las escuelas, los hospitales, las comisarías de policía y las gendarmerías, van acompañados en las provincias de la remoción de funcionarios públicos y el cierre de escuelas, hospitales, comisarías de policía y gendarmerías.

 

Volvamos a BHL: si está tan preocupado por la situación del planeta al punto de opinar que el Estado de Maastricht debe hacer pagar a los pobres con los automóviles que utilizan para trabajar, a fin de que los ricos puedan contaminar el medio ambiente viajando en avión, entonces que deje de pasarse la vida entre dos aeropuertos, él, que tiene el descaro de decir que es dueño de demasiadas casas…

 

Así es. En L'Obs (5 de julio de 2017) podemos leer: “'Tengo demasiadas casas en el mundo’: Bernard-Henri Lévy decide vender una de sus villas por 6 millones de euros'.” Leamos el artículo: "Demasiado dinero, poco tiempo. Bernard-Henri Lévy hubo de revelar a Bloomberg en un artículo publicado el pasado lunes que se vio obligado a vender una de sus villas en Marruecos, en Tánger, a falta de poder disfrutar de ella lo suficiente: 'Divido mi tiempo entre París, Nueva York y Marrakech. Tengo demasiadas casas en el mundo y, por desgracia, el año sólo dura 52 semanas.' Precio de la residencia sacrificada: 6 millones de euros, a la venta en el sitio web de Christie's International Real Estate, por 600 metros cuadrados situados 'en la cima de un acantilado, frente a Gibraltar, en el punto preciso en el que se juntan el Atlántico y el Mediterráneo', dice BHL, buen vendedor." ¡Bienvenida la huella de carbono del filósofo!

 

Es comprensible que este hombre no sepa la desgracia que significa un hueco de cincuenta euros en el presupuesto de una familia que vive con menos de mil euros al mes.... “Pobres no, cabrones”. Efectivamente.

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Notas

 

[1] Formas abreviadas con que se conocen coloquialmente los tres establecimientos de enseñanza superior de donde suele egresar la crema y nata de la clase política, empresarial e intelectual de Francia: el Instituto de Estudios Políticos de París (Science Po), la Escuela Nacional de Administración (ENA) y la Escuela Normal Superior (Normale Sup). (Todas las notas son del traductor.)

 

[2] André Glucksmann (1937-2015), Pascal Bruckner (1948) y Bernard-Henri Lévy (1948), entre una decena de otras figuras. El término nuevos filósofos fue acuñado por el propio Bernard-Henri Lévy para distinguir a un grupo heterogéneo de intelectuales anteriormente afiliados al marxismo (entre ellos algunos incluso al maoísmo), afiliación con la que rompieron a mediados de los 70, sin haber generado ninguna producción filosófica, intelectual o literaria importante ni antes ni después de esa ruptura.

 

[3] Antes llamado Le Nouvel Observateur, principal semanario de información general de Francia.

 

[4] Manera abreviada y universal de referirse, a menudo con desprecio o sorna, a Bernard Henri-Lévy.

 

[5] La denominación poujadismo alude a Pierre Poujade (1920-2003), político y dirigente sindical francés con cuyo nombre se identifica a un movimiento político y sindical (1953-1958) que propugnaba los intereses de comerciantes y artesanos y condenaba la ineficacia del parlamentarismo de la IV República francesa.

 

[6] El término petainista remite a Philippe Pétain (1856-1951), militar y político francés que se opuso a la guerra de resistencia contra la invasión y ocupación de su país por las tropas del Tercer Reich, firmó el armisticio con Alemania el 22 de junio de 1940 y, poco menos de tres semanas después, se declaró jefe de Estado, cargo que ocupó al frente del gobierno instalado en la llamada “zona libre de Vichy”, durante los cuatro años que duró la ocupación nazi.

 

[7] Por referencia a (o asociación con) el régimen de Vichy (1940-1944) encabezado por el mariscal Pétain. Véase la nota 6.

 

[8] Por referencia a (o asociación con) Charles Maurras (1868-1952), escritor y político francés partidario de la doctrina del nacionalismo integral y una de las principales figuras de Acción francesa, movimiento político nacionalista y monárquico de extrema derecha de la primera mitad del siglo XX.