Más allá de Putin y Navalny: ¿una alternativa de izquierda para Rusia? Boris Kagarlitsky

2 de mayo de 2021

Por su valor analítico y su interés prospectivo —más allá de lo anecdótico e informal— en lo que toca a la situación actual en Rusia, pero también al presente estado de cosas en otros lugares del mundo, Patrias. Actos y Letras, en su sección Communis, tiene a bien reproducir —traducida al español y adaptada del original en inglés por Rolando Prats— la entrevista que, para The Real News Network, le hiciera Radhika Desai al sociólogo y activista ruso Boris Kagarlitsky, cuya transcripción y podcast y, días más tarde, cuyo vídeo se publicaron en ese medio el 16 y el 30 de abril, respectivamente. Todas las notas son del traductor.

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Del regreso de Alexey Navalny a Rusia a las protestas masivas y la COVID-19, Radhika Desai, colaboradora de The Real News Network, conversa con el sociólogo y activista ruso Boris Kagarlitsky acerca de los cambios tectónicos que se están produciendo en la vida política de la Federación de Rusia y de lo que los medios de comunicación occidentales no acaban de entender sobre ese país.

Con tanta desinformación que circula a nuestro alrededor, y con tantos medios de comunicación que filtran su cobertura a través de los intereses geopolíticos de Occidente, a menudo es difícil para el público interesado saber lo que está sucediendo en la vida política rusa. De la pandemia de COVID-19 a las protestas masivas y el regreso a su país, en enero, del líder opositor Alexey Navalny, quien fuese víctima de un ataque casi mortal por envenenamiento el pasado verano, se están produciendo importantes cambios políticos y económicos en Rusia. Si a ello se añade el clamor público contra el encarcelamiento de Navalny, quien se ha declarado en huelga de hambre en su celda de las afueras de Moscú[1], y las nuevas sanciones contra Rusia que el Presidente de los Estados Unidos, Joe Biden, anunció el pasado 15 de abril, son cada vez mayores los desafíos al control que ejerce sobre el poder el Presidente ruso Vladimir Putin. Pero, ¿qué significan esos acontecimientos y qué percepción tiene de ellos el ciudadano ruso de a pie?

En esta producción especial de The Real News Network, la nueva colaboradora Radhika Desai ayuda al público de Occidente a navegar por esas y otras delicadas cuestiones. Radhika dirige el Grupo de Investigación sobre Economía Geopolítica, enseña en la Universidad de Manitoba y es conocida por proponer el marco de la Economía Geopolítica para entender los asuntos mundiales.

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Radhika Desai: Boris Kagarlitsky es un muy conocido escritor, historiador y sociólogo ruso de izquierda, además de activista político. Sus actividades políticas se iniciaron en la entonces Unión Soviética y han continuado en la Rusia post-soviética, desde una perspectiva de izquierda peculiar en el ámbito político ruso. Bienvenido, Boris, es un gran privilegio tenerte hoy aquí con nosotros.

Esta entrevista se concibió a raíz de los debates sobre la política rusa que han tenido lugar en los países occidentales tras el regreso de Alexey Navalny a Rusia. Así pues, permíteme comenzar preguntándote ¿cuál era la situación política en Rusia cuando se produce el regreso de Navalny en enero de 2021?

Boris Kagarlitsky: Empecemos por la crisis de la COVID-19; creo que es un problema esencial para todos los principales países capitalistas del momento, o, en realidad, para todos los países de mayor peso hoy en el planeta. Es muy importante entender que Rusia va ya por su sexto año de estancamiento económico. A veces ese estancamiento va acompañado de un crecimiento muy, muy modesto, a veces de un declive. Pero, en cualquier caso, la economía sigue estancada por séptimo año consecutivo. Entonces, se produce la pandemia, y en ese sentido Rusia es un caso muy particular, porque en términos de apoyo económico a la población, el Gobierno ruso ha sido absolutamente específico en cuanto a la aplicación de una estrategia que consiste en no prestar apoyo, en ninguna circunstancia —partiendo de la idea de que la población debe sobrevivir por sus propios medios. Así que, por un lado, el Gobierno ha procedido al cierre de numerosas empresas y prácticas privadas, y muchísima gente ha perdido su empleo. En realidad, son más los que han perdido sus ingresos.

La pérdida real de puestos de trabajo no fue, a la larga, tan catastrófica, porque hubo que echar de Rusia a bastantes trabajadores inmigrantes. De modo que, aunque la pérdida total de puestos de trabajo fue impresionante, la pérdida real de puestos de trabajo no fue tan catastrófica para los ciudadanos rusos; gran parte de ese precio lo tuvo que pagar la población de Asia Central y los trabajadores inmigrantes y emigrantes que perdieron sus puestos de trabajo. En realidad (y ello no deja de ser muy interesante), la pandemia terminó por crear una especie de división entre los que querían quedarse como inmigrantes y harían todo lo posible por quedarse, y los que tomaron la decisión personal de abandonar Rusia y tuvieron que idear estrategias para volver a sus países. Entonces, en ese sentido, me parece que la población inmigrante que tenemos ahora se compone principalmente de personas que son realmente leales a Rusia, al menos económicamente, personas que decidieron que tenían que quedarse en Rusia pasara lo que pasara.

La pérdida de puestos de trabajo provocó el aumento del desempleo. Pero en lo que toca a los ciudadanos rusos, o a las personas que realmente se quedaron en el país, fue grave, pero no tanto. Sin embargo, en términos de pérdida de ingresos, fue un verdadero desastre, porque la mayoría de las empresas sobrevivieron a costa de recortar los salarios. Para poder sobrevivir, los empresarios autónomos se vieron obligados a ver reducirse sus ingresos y a disminuir su consumo. Por lo que, en ese sentido, estamos en presencia de una verdadera catástrofe, que la gente comprendió, con toda seriedad, como una catástrofe: no se trata sólo de estadísticas, se trata de experiencias reales.

Al mismo tiempo, hicimos frente a medidas de confinamiento (lockdown) que probablemente no hayan sido tan severas como en muchos otros países, si bien aún están por comprenderse y ponderarse sus consecuencias sociales, pues creo que se manifestarán en el curso de un período muy largo. El daño se producirá realmente a largo plazo: se trata de algo más que de un fenómeno puntual. Como te dije antes, el Gobierno ruso ha elegido una especie de "tercera vía" para manejar la pandemia: no como Suecia o Belarús, que optaron por evitar la adopción de medidas de confinamiento con tal de salvar la economía, pero tampoco como Alemania, el Canadá u otros países, que sacrificaron algunos elementos de la economía pero apoyaron a la población durante el confinamiento. La tercera vía rusa consistió en "no prestar apoyo ni a la economía ni a la población".

Ello, sin embargo, no significa que los dirigentes rusos estuvieran locos, porque sí hubo un enorme apoyo a las grandes empresas, tanto a las privadas como a las consideradas estatales (en realidad, sociedades anónimas con algún porcentaje de las acciones en manos del Estado. De hecho, también son empresas privadas, pero vinculadas al Estado, como las paraestatales en América Latina en los años 70). Esas grandes empresas han recibido un enorme respaldo, tanto en términos de apoyo directo a través del dinero que se les da, como en términos de créditos baratos y prestaciones fiscales que les concede el Gobierno. Rusia otorga más prestaciones fiscales a las grandes empresas que cualquier otra economía importante en términos del porcentaje del presupuesto estatal que se pierde en esas prestaciones. Es absolutamente patético. Así que esa era la política general: se trataba de apoyar a la oligarquía a costa de no apoyar a nadie más.

Radhika Desai: Es de suponer que la gente se daba cuenta de todo ello y que existía un descontento cada vez mayor con el Gobierno de Putin, ¿no?

Boris Kagarlitsky: De eso, exactamente, se trata.  E irónicamente, de algún modo funcionó. Como se podrá ver, el mayor temor del Gobierno ruso y del entorno de Putin es que se produzca una división en el seno de la élite. Ese tipo de escisión o división fue típica en la década de 1990 y fue típica en Ucrania. Evitar esa escisión no sólo obedece a cierto egoísmo de clase (aunque ello también es verdad), sino, además, a una especie de estrategia política. Hay que mantener, a cualquier precio, unida a la élite. Incluso si tienes que sacrificar la economía y al pueblo, que así sea, porque mientras mantengas más o menos unida a la élite, está garantizada la estabilidad. Una vez que se destruye esa unidad de la élite gobernante, se acaba como en Ucrania, o como en Rusia en la década de 1990.

De modo que, en ese sentido, hay una cierta racionalidad en ese enfoque. Siento un rechazo absoluto por ese enfoque, como podrás imaginar, pero sólo quiero ser imparcial en la comprensión de por qué se comportan de esa manera. No es porque no tuvieran el dinero. Es porque tenían otras prioridades, que consideran más importantes. Pero, por supuesto, la gran mayoría de la población lo percibió como una ofensa, una clara señal de que el Gobierno no se preocupaba por sus ciudadanos, y ello entrañó un cambio drástico en el ánimo popular. En ese sentido, la popularidad de Putin se desplomó.

Radhika Desai: ¿Cómo se manifestaba ese descontento antes del regreso de Navalny?

Boris Kagarlitsky: A decir verdad, no está muy claro, porque un aspecto importante del confinamiento —no sólo en Rusia, por cierto, sino en cualquier otro lugar— es que todo estaba prohibido. El confinamiento es el mayor pretexto para cualquier tipo de prohibición. Así que se prohibieron todo tipo de manifestaciones populares, todo tipo de actividades populares. En ese sentido, hubo más bien una acumulación de ira que no condujo a nada práctico, a nada real. Sólo el regreso de Navalny proporcionó algún tipo de canal para que ese descontento, esa ira, estallara. Ahora bien, es muy importante entender que no todo tiene que ver con Navalny; por supuesto, hasta cierto punto tiene que ver con Navalny, porque Navalny es el tipo de persona que realmente provoca eso. Pero discutimos el asunto con gente que también había salido a la calle y probablemente alrededor del 10 % de los que se habían sumado a las protestas lo hacían con el objetivo principal de apoyar a Navalny. Alrededor del 90 % solía decir: "Bueno, sí, simpatizamos con Navalny. Es un tipo valiente. Pero no se trata de Navalny; se trata en gran medida de la situación actual del país, y queremos mostrar que no estamos contentos con lo que ha pasado." Era ese el principal estado de ánimo en el país.

Radhika Desai: Dicho así resulta todo muy claro. Sabemos entonces ahora que las protestas, en su mayor parte, no guardan una relación directa con Navalny: el regreso de Navalny desencadena las protestas y desencadena la explosión de decepción, de ira, etc., que venía fermentándose entre la población rusa mucho antes de la pandemia (y que es exacerbada por la pandemia). En estos momentos, sin embargo, somos testigos de esa avalancha de descontento.

Antes de pasar a la cuestión de quién es exactamente Navalny (porque es muy importante que eso lo entendamos en Occidente), ¿podrías hablar un poco de cómo era la situación antes de la pandemia, cuando no había esencialmente ninguna prohibición o restricción de la actividad política? ¿Cómo se había manifestado el descontento con el Gobierno de Putin en los últimos cinco años?

Boris Kagarlitsky: Nuestro descontento se fue acumulando. Un aspecto que se debate muy a menudo entre numerosos comentaristas dentro de Rusia es que antes no se producían muchas protestas —e incluso ahora no hay tanta gente protestando en comparación con el número de personas que están insatisfechas y enojadas— porque la gente tiene miedo de la represión. Eso es en parte cierto, y es cada vez más cierto en el sentido de que el nivel de represión está en aumento. Al mismo tiempo, también hay otro factor, algo que en cierto modo persigue permanentemente a la oposición rusa: es ese temor de que la oposición no es mejor, o que es incluso peor que el Gobierno. Es ese un problema importante para muchas personas.

Pro-Navalny protests_Russia_Anton Vagano

 

Agentes de policía se enfrentan a manifestantes durante una concentración en apoyo del líder opositor ruso encarcelado Alexey Navalny en San Petersburgo, Rusia, el 23 de enero de 2021. © Anton Vaganov/Reuters

En realidad, es como si ambas partes estuviesen compitiendo entre sí, y el Gobierno estuviera haciendo todo lo posible por demostrar que quienes dicen que la oposición es peor están equivocados [Risas]. Así, el Gobierno trata de demostrar que es todavía peor que los de la oposición liberal, y lo hace tratando de copiar cada una de las propuestas que los economistas liberales presentan, incluso las más horribles y las más incompetentes. De modo que estamos ante una competencia de propuestas, y cada vez que la oposición hace alguna propuesta estúpida, el Gobierno viene y la copia.

Tomemos, por ejemplo, la reforma de las pensiones de 2018. Debemos recordar una cuestión muy importante: que fueron los liberales y los opositores quienes durante muchos años insistieron en la reforma de las pensiones y abogaron por ella. Y eran el Gobierno y, en realidad, el propio Putin, quienes no dejaban de afirmar que no debían hacerlo, que no debían seguir esa propuesta de reforma de las pensiones. Entonces, de repente, en 2018, hicieron exactamente lo que la oposición había propuesto; en realidad, en muchos aspectos, lo que hizo el Gobierno fue incluso peor que la propuesta presentada por los economistas liberales, de libre mercado. Ello provocó protestas, y corrigieron un poco la reforma, pero sólo nominalmente. Lo irónico de la situación, sin embargo, es que, en ese mismo momento, la mayoría de los opositores liberales condenaron la reforma que ellos mismos habían defendido durante tantos años. Se trata de una inversión de la regla en la política rusa.

Aun así, sé que mucha gente desconfía de la oposición. Y la izquierda... bueno, la izquierda es visible, pero todavía bastante débil en términos de organización política. Además, no hay que olvidar que el Partido Comunista oficial está muy controlado por la administración presidencial, que suele seleccionar a todos los candidatos de los partidos de oposición. Se trata de una tecnología política rusa muy específica: que la administración presidencial (es decir, el Gobierno) tenga que aprobar a todos los candidatos de la oposición. Así, no hay candidatos que no hayan sido aprobados, ni siquiera los de la oposición.

 

 

"Navalny es un populista que quiere caerle bien a todo el mundo; quiere caerles bien a las empresas, quiere caerles bien a los izquierdistas, etc. Es capaz de expresarse como un anarquista, lo puede hacer como un fascista, puede hablar como un socialdemócrata, puede hablar como un liberal, puede hablar como una especie de estadista sabio, y puede hablar como un radical irresponsable; depende del público, depende de la audiencia. En ese sentido, Navalny es un perfecto camaleón." 

Radhika Desai: Hablemos más de este asunto antes de pasar a hablar de Navalny. Hasta ahora te habías referido principalmente a la oposición liberal, pero acabas de empezar a hablar de la oposición de izquierda: ¿puedes abundar un poco más en el estado de la oposición de izquierda en Rusia (en particular a la luz del hecho, entre otros, de que la oposición de izquierda ha obtenido recientemente algunas victorias, al menos en algunas elecciones regionales)?

Boris Kagarlitsky: La izquierda era y es bastante visible en algunas regiones, especialmente el ala izquierda del Partido Comunista oficial, que está cada vez más cerca de convertirse en la llamada oposición no oficial. Así que, en ese sentido, es muy importante entender que en Rusia el Partido Comunista es un animal muy extraño. Porque, por un lado, tienes a la dirección, que está muy cerca del Gobierno; por otro lado, tienes a los más radicales, o progresistas, o... no sé cómo llamarlos...

Radhika Desai: ¿Los más de izquierda?

Boris Kagarlitsky: No estoy seguro de que sean más de izquierda, pero son más honestos. Digámoslo así. Hay personas que no están necesariamente más a la izquierda, pero son definitivamente más honestas y más independientes. Esa es la caracterización más correcta de esas personas.

De modo que, en cualquier caso, hay un ala del partido que está trabajando cada vez más con la izquierda extra-parlamentaria. A ese respecto, el partido se mueve en dos direcciones diferentes. Así, la cúpula oficial está cada vez más cerca del Gobierno (porque el Gobierno quiere que estén muy cerca de ellos). Al mismo tiempo, hay más políticos independientes, sobre todo en las secciones locales, moviéndose en la dirección opuesta, formando una especie de frente unido con el resto de la izquierda. Y, como sabemos, entre ellos hay figuras muy importantes. Por ejemplo, está Serguey Levchenko en Irkutsk, que se vio obligado a dimitir. Era gobernador de la provincia, alguien que había obtenido éxitos increíbles y que, además, logró que aumentara el PIB de la región, incrementó los ingresos presupuestarios y el gasto social, etc.

Hay algunos otros, algunas nuevas personalidades, también vinculados con la vida política a nivel local, como Nikolay Bondarenko, diputado local populista muy carismático y destacado en Saratov, o Valery Rashkin en Moscú, que es el jefe de la sección moscovita del Partido Comunista oficial. Estas otras figuras están colaborando muy estrechamente con la izquierda no oficial. El mes pasado, por ejemplo, Valery Rashkin apareció en Rabkor[2], en nuestro canal de YouTube. Y algunas personas que comentaban el vídeo señalaban que ello no habría sido posible ni siquiera hace unos meses, porque, como todo el mundo sabe, Rabkor es un medio que critica constantemente a la dirección del partido oficial. Por supuesto, Levchenko llevaba ya bastante tiempo en Rabkor, pero para Rashkin fue un acto muy simbólico aparecer en nuestro canal de YouTube. Además, no hay que olvidar que Rashkin es diputado de la Duma Estatal, y que ahora está en abierto conflicto con Guennady Zhyuganov, el jefe del partido.

Así que no sabemos cómo va a acabar todo ello, porque los dirigentes del partido (y también, incluso, la oposición) no dejan de repetir que "no hay división en el partido, hay sólo debates". Pero en esos debates se debate todo. Y las propuestas que se defienden en esos debates no pueden encajar unas con otras: no hay espacio para el compromiso en ese debate. Algunos dicen que hay que apoyar al Gobierno y otros dicen que hay que derrocarlo. Ese es el tipo de debate que dicen que representa sólo una "pequeña división" dentro del partido...

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Radhika Desai: Excelente. Ya hemos preparado el escenario y hemos proporcionado a los oyentes suficientes elementos de fondo para que puedan comprender los giros políticos que ya estaban ocurriendo en Rusia antes de la pandemia y que han tenido lugar durante la pandemia antes del regreso de Navalny.

Centrémonos un poco ahora en quién es exactamente Navalny. Porque, por un lado, en Occidente leemos artículos y reportajes que lo retratan esencialmente como ese gran salvador en sustitución de Putin, y así por el estilo; por otro lado, también se ha hablado, por parte de personas más informadas, de sus vínculos con la extrema derecha en Rusia, su antisemitismo, su retórica anti-inmigrante, su racismo, etc. ¿Puedes decirnos algo más sobre quién es realmente Navalny y cómo lo ves tú?

Boris Kagarlitsky: Bueno, en primer lugar, ambos puntos de vista son completamente erróneos [Risas]. Sucede a menudo que se obtienen imágenes como estas, que reflejan sobre todo las ideas de los comentaristas y no la realidad.

Empecemos por el hecho de que, sí, Navalny participó al menos dos veces en la llamada Russky March[3](Marcha Rusa), creo que hace bastante tiempo de ello. Y lo irónico del asunto es que Navalny también participó en bastantes actividades de un tipo muy diferente: fue miembro del partido liberal de izquierda Yabloko[4]; luego, se pasó al movimiento nacionalista y formó parte de la Russky March. Más tarde, en algún momento, empezó a moverse hacia la izquierda y a impulsar algunas políticas sociales progresistas. Fue entonces que empezó a atraer a algunos izquierdistas como Alexey Gaskarov, exanarquista y economista de izquierda; al mismo tiempo, Navalny también intentó atraer a algunos economistas de libre mercado.

Por eso, cuando Navalny publicó su programa político en 2018, no pocos se rieron de él. Existe un juego infantil en el que se coge un trozo de papel y se escribe algo en él, después se dobla ese trozo de papel y se pasa a otro niño o niña que le añade otra línea; luego, se lo pasan a alguien que escribe otra línea, y así sucesivamente. No sé si exista ese juego en países de habla inglesa, pero la cuestión es que, al final, cuando se lee todo el texto, es un completo disparate. De ahí que en Rusia se haya corrido la broma de que el programa presidencial de Navalny parecía haberse escrito de esa manera: algunos progresistas o izquierdistas habrían escrito algunos segmentos sobre políticas sociales; al mismo tiempo, economistas fanáticos, de libre mercado, habrían escrito otras secciones sobre cómo lograr todas esas cosas progresistas, y así sucesivamente [Risas]. Algo así como: "¡Hay que recortar los impuestos y, al mismo tiempo, aumentar el gasto social!" En el mismo documento, un párrafo decía: "Todo debe estar sometido a la leyes del mercado, hay que pagar por todo, ¡tenemos que monetizarlo todo!". Y, luego, en el siguiente párrafo: "¡Tenemos que aumentar la gratuidad de los servicios, todos los servicios deben ser gratuitos, y todo se sufragará!". Y estamos  hablando aquí de dos párrafos diferentes ¡dentro del mismo documento!

Así que es eso lo que es Navalny. Navalny es un populista que quiere caerle bien a todo el mundo; quiere caerles bien a las empresas, quiere caerles bien a los izquierdistas, etc. Es capaz de expresarse como un anarquista, lo puede hacer como un fascista, puede hablar como un socialdemócrata, puede hablar como un liberal, puede hablar como una especie de estadista sabio, y puede hablar como un radical irresponsable; depende del público, depende de la audiencia. En ese sentido, es muy fácil comprometerlo, porque puedes seleccionar las declaraciones que ha hecho para cada audiencia en particular. De modo que, si quieres comprometerlo desde la izquierda, agarras declaraciones terribles que ha hecho cuando se dirigía a públicos de derechas. Y, como ves, lo irónico es que no poca gente de derecha lo considera un izquierdista irresponsable. Porque también tienen una lista de declaraciones que ha hecho que se prestan perfectamente para esa caracterización.

Lo primero que hay que entender de Navalny es que es un populista que quiere que todo el mundo lo quiera...

Radhika Desai: Entonces, ¿nos estás diciendo que tiene algo de camaleón político?

Boris Kagarlitsky: Absolutamente. Y es un camaleón en el sentido de que un camaleón ni siquiera entiende lo que está haciendo, simplemente refleja el color que lo rodea. En ese sentido, Navalny es un perfecto camaleón. Así que, si lo pones delante de una multitud de socialistas radicales o comunistas, te aseguro que hablará como un comunista. De hecho, en cierto modo, ese es su lado fuerte. Es algo irónico, porque, desde nuestro punto de vista, es una cosa absurda y loca. Pero recuerda que su estrategia es conseguir todo el apoyo posible en todas partes, en cada momento de su carrera. Maximizar su apoyo, no importa cómo...

Radhika Desai: Pero antes dijiste que sólo un 10 % de las personas que protestaban estaban realmente allí para apoyar a Navalny...

Boris Kagarlitsky: Sí, pero ese es otro aspecto. Para Navalny, el lado bueno de esa política es que atrae a mucha gente de diferentes segmentos de la sociedad, porque la gente no estudia lo que ha dicho antes, ¿sabes? Simplemente se aparece y, por ejemplo, se dirige a una multitud, y a la multitud le encanta lo que dice. No piensan en lo que ha dicho antes, ni en lo que dice en otros lugares. Sólo saben que se apareció allí, les dirigió la palabra y que estuvo muy bien. Por otro lado, hay un número cada vez mayor de personas que recuerdan lo que dijo antes, y cada vez son más las sospechas de que ese tipo es alguien en quien no podemos confiar como es debido, porque no sabemos lo que va a hacer. No hay ninguna indicación de lo que va a hacer en la práctica. Ese tipo puede ser peligroso. Pero sólo puede ser peligroso si está en el poder. Mientras esté en la oposición, sin embargo... bueno, esa clase de estrategia realmente funciona.

Radhika Desai: Ya que hablamos de ese tema, ¿puedes hablarnos un poco de todas esas otras historias que se cuentan por ahí sobre el envenenamiento de Navalny (novichok y demás), y, después, de la investigación alemana sobre su envenenamiento, y luego, por supuesto, por otro lado, las historias sobre el palacio de Putin, etc.? ¿Adónde están yendo a parar todas esas historias? ¿Cómo reaccionan los rusos a esas historias?

Boris Kagarlitsky: Empecemos por lo del palacio. Lo irónico es que lo del palacio es una historia vieja: lo del palacio se descubrió hace unos once años. Lo descubrió el entonces diputado comunista Serguey Obujov, que lo que en verdad quería era provocar algún tipo de escándalo. Hasta cierto punto, fue su propio partido el que le impidió que fuera más lejos. En cualquier caso, esta segunda vez la historia no presentaba muchas novedades, salvo que volvió a aparecer en el mejor momento. Porque hace diez años, a la gente no le importaba mucho; ahora, es más bien un recordatorio.

La historia no es nueva, pero había algunos detalles nuevos sobre las discotecas acuáticas y otros aspectos del palacio, que son medio divertidos. Hubo muchos memes y vídeos e incluso canciones sobre esa discoteca acuática [Risas]. A los rusos esas cosas les resultan bien divertidas, así que esa historia hizo reír a mucha gente, pero no era como si la gente estuviese tan enfadada. La gente lo que hacía era reírse y decir: "¡Mira a este tipo, que trata de hacernos creer que es un verdadero estadista!" Putin siempre está tratando de que se lo tome por Pedro el Grande y demás, pero entonces te enteras de ese extraño palacio, que es muy pequeñoburgués, lujoso y de muy, muy mal gusto. Así que esa fue la principal reacción. Pero vuelvo a insistir (y esto es muy importante) en que la historia no era nueva. Puedo mostrarte un montón de publicaciones de años anteriores que mencionan la historia.

Hablando de envenenamiento... Esa es una cuestión más complicada, porque está muy claro que el envenenamiento realmente tuvo lugar. La pregunta es ¿quién envenenó realmente a Navalny? Sí, esas personas estaban definitivamente conectadas con los servicios secretos, pero si operaron por orden directa de Putin es algo que hay que cuestionar. Porque lo que Navalny logró demostrar es que fue envenenado, y que las personas que lo envenenaron estaban conectadas con los servicios secretos. Pero luego hizo la segunda declaración, diciendo que fue Putin quien había dado personalmente la orden. No hay pruebas de esto, sólo algunas especulaciones. En mi opinión, la historia es un poco más complicada.

Sabemos que la salud de Putin no es muy buena. Desde hace años sabemos que tiene algunos problemas de salud, y que a veces mejora y a veces empeora. Por eso la COVID lo ha tenido particularmente asustado, porque si tienes algún tipo de cáncer, la COVID es realmente mortal. Y así, Putin desapareció inmediatamente después de que empezó la COVID, y se escapó a una especie de búnker. A veces reaparecía y después volvía a desaparecer, lo que dio lugar a muchas especulaciones sobre su salud.

Lo que pienso es que el envenenamiento de Navalny tuvo algo que ver con ese problema. Porque el propio Navalny insistió en que esas personas lo habían estado siguiendo durante años. Entonces, si lo habían seguido durante años, ¿por qué lo envenenaron exactamente en ese momento el verano pasado? Me atrevo a conjeturar que esa decisión no tenía mucho que ver con el propio Navalny, pues para Putin, al menos por entonces, Navalny no representaba una amenaza seria. No había ninguna razón para pensar que Navalny fuera capaz de destronar a Putin. Por lo que, en ese sentido, era irracional que Putin intentara matarlo en ese momento.

ahora Navalny es mucho más peligroso que antes. Pero al mismo tiempo, si se considera a las personas que estaban dirigiendo la estrategia de transición, que estaban trabajando en posibles escenarios para la transición al período post-Putin, y que estaban considerando algunos candidatos para reemplazar a Putin cuando éste muriera o se retirara, en ese contexto, la situación es diferente, y Navalny podría haber sido una amenaza, porque podría interferir potencialmente en el escenario y, al menos, desorganizarlo. Por lo tanto, es posible que, de Putin haber permanecido al margen del proceso de adopción de decisiones durante unos días o semanas por motivos de salud, por ejemplo, algunas de las personas que tuvieran el control en ese mismo momento (especialmente si tenían miedo de que algo pudiera pasarle a Putin) podrían haber dado la orden de ejecutar de una vez por todas ese envenenamiento. Debo ser claro: esta es mi visión de la historia. No puedo probarla, pero Navalny tampoco puede probar su versión de lo ocurrido.

Radhika Desai: Al mismo tiempo, habida cuenta de las lagunas de esa historia, algunos reporteros occidentales han señalado que es posible que Navalny no haya sido envenenado en absoluto, que su desplome en el avión haya tenido que ver con ciertos medicamentos y que podía haber estado bebiendo, etc.…

Boris Kagarlitsky: Eso no es cierto. Es esa la versión de la historia que han elaborado los propagandistas oficiales del Kremlin. Y esa versión contradice en gran medida los hechos que ya conocemos, incluido el hecho más reciente, que es realmente aterrador, de que el médico que estaba a cargo del tratamiento de Navalny en Omsk murió repentinamente hace apenas unas semanas. Hay razones para sospechar que algo había salido mal, porque ese médico era un hombre sano y bastante joven, que murió con síntomas extrañamente similares a los del propio Navalny. Así que todo esto nos da motivos para sospechar que alguien está tratando aquí de enmendar la historia.

Hay, además, otro detalle curioso. Numerosas publicaciones han afirmado que Navalny fue tratado con atropina, que es un medicamento contra el envenenamiento, que le fue inyectado inmediatamente en la ambulancia, antes de ser llevado a la clínica. Lo que significa que alguien sabía que había sido envenenado. Además (y esa es la historia que he publicado yo), hay serias razones para pensar que había algunas personas del servicio secreto que estaban tratando de matarlo y otras personas del servicio secreto que en realidad lo estaban tratando de salvar.

Radhika Desai: Bizantino, como suele decirse...

Boris Kagarlitsky: Sí, pero es esa exactamente la manera en que operan los servicios rusos. Cada uno de los diferentes servicios no sabe mucho de lo que hacen los demás servicios. Muy a menudo existe una relación de rivalidad entre ellos, y esas rivalidades reflejan las rivalidades y contradicciones que existen en los niveles más altos. Por lo tanto, el mero hecho de que Navalny no fuera asesinado es una indicación de que alguien quería que sobreviviera.

"La estabilidad social era una de las prioridades del Gobierno de Putin; el problema es que no era la principal prioridad. La principal prioridad era el consenso entre las élites. Asegurarse de que el resto de la sociedad estuviera más o menos satisfecha era la segunda prioridad. Y durante la pandemia, cuando el Gobierno tuvo que elegir, optó por preservar el consenso entre las élites por encima del consenso en el seno de la sociedad en sentido más general, porque simplemente no tenía los recursos para satisfacer ambas prioridades." 

Radhika Desai: ¿Qué hay de cierto en la idea de que si Navalny fue envenenado con novichok no podría haber sobrevivido, e incluso podría haber puesto en peligro a otras personas en el avión y a cualquiera que entrara en contacto con él (familiares, personal médico, etc.)?

Boris Kagarlitsky: Tengo dudas sobre si fue o no novichok; por cierto, ese es otro punto interesante. Creo que la historia del novichok es una fijación de los medios de comunicación occidentales, porque los medios occidentales se enteran del novichok después del famoso escándalo alrededor del caso de Petrov y Boshirov en Salisbury, y cualquier tipo de veneno es ahora "novichok". Además, si se leen los informes elaborados en Occidente, la discusión se plantea siempre en términos del tipo de veneno que se utilizó contra Navalny al decirse que pertenece a lo que ellos llaman "familia novichok", que es una definición muy amplia.

Es cierto el hecho de que fue envenenado, pero exactamente con qué veneno es otra historia, y eso también debería investigarse. El novichok fue diseñado para un tipo de operación completamente diferente, no es algo que se haya diseñado sólo para asesinar a particulares.

Radhika Desai: Y, bueno, presumiblemente cabría decir lo mismo de los envenenamientos en Salisbury, en el sentido de que, si hubieran sido realmente envenenados por novichok, no habrían sobrevivido...

Boris Kagarlitsky: No, no necesariamente. Porque depende de la dosis, depende de cómo la utilicen y depende de qué sustancia se esté realmente utilizando. De nuevo, hasta los medios occidentales hablan de la "familia novichok", ¿verdad? Hay diferentes sustancias en esa familia, y tienen ciertos tipos de elementos químicos que las relacionan entre sí, pero no son necesariamente las mismas sustancias.

Alguna vez le escuché contar una anécdota muy divertida a un operativo de la policía rusa cercano al Gobierno. Cuando se lo escuché decir por primera vez, me pareció un poco raro, pero cuanto más he hablado de ello con otras personas, tanto más he escuchado decir que no se trata de un completo disparate. Básicamente, lo que me dijo fue que parte de la sustancia, parte del novichok, probablemente alguien se la hubiese robado en el camino. Son unos venenos muy preciosos, que pueden ser utilizados "comercialmente" para que eliminar a algún rival, o a la esposa de alguien, o a la suegra de alguien, o al perro de alguien, o lo que sea. Es un material muy valioso que se puede robar y, una vez que te has robado un poco de ese material, añades un poco de agua, y ya está. Así que, tal vez haya sido por eso que el envenenamiento de Navalny transcurrió de la forma en que lo hizo. Por supuesto, suena un poco absurdo, pero conociendo Rusia y cómo opera el Gobierno ruso, no parece completamente imposible.

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Radhika Desai: Todo eso es muy interesante, y es realmente útil saber exactamente lo que piensas al respecto. Porque, como creo que convendrás, hay muchos interrogantes en torno a esta historia, y es importante examinarlos sin dejar de entender que la realidad es probablemente bastante complicada.

Ahora quisiera pasar a hablar de tu muy interesante y, creo, importante manera de explicar cómo funciona el sistema de poder de Putin en Rusia. ¿Cómo describirías el sistema de poder de Putin (que, como bien has señalado, se encuentra ahora en un momento de posible transición)? ¿Dirías que forma parte de esa especie de autoritarismo congénito en Rusia?

Boris Kagarlitsky: Bueno, en primer lugar, creo que esa imagen de un país autoritario dirigido por una sola persona no se corresponde, en la práctica, con ningún país autoritario. Hay intereses de clase, hay grupos de interés, hay élites, hay aparatos estatales, burocracias, etc. Así que, incluso si tienes un gobierno autoritario y absolutista, nunca es a one-man show. A no ser que se trate de un país pequeño, como Haití, la República Centroafricana o algún lugar así, donde podemos imaginar que el país está controlado por una sola persona y una banda de matones. Pero si tienes un país enorme como Rusia, ya sea que hablemos de Stalin o de Iván el Terrible, no puedes dirigir el país sin tener en cuenta todos los intereses específicos, la lógica específica de los aparatos y los procesos de adopción de decisiones que sean del caso, y todo eso implica definitivamente a más de una persona. Así pues, lo primero que hay que entender es que ese modelo, esa imagen de un país autoritario dirigido por una o dos personas, no es posible en el mundo real.

En segundo lugar, es importante tener en cuenta que, hasta hace muy poco, el Gobierno de Putin funcionaba por consenso. Como te dije antes, para el Gobierno ruso es muy importante mantener a las élites más o menos de acuerdo unas con otras, de modo que las élites y los grupos oligárquicos no se ataquen y peleen entre sí y, en cambio, trabajen más o menos juntos. Y así, la tarea del Gobierno es garantizar un consenso permanente que se repita y reproduzca una y otra vez en el seno de la élite, pero eso probablemente esté cambiando.

En ese sentido, Putin desempeñaba fundamentalmente el papel de moderador y creador de consenso, ese tipo de persona que realmente trataba de distanciarse de todos los actores y grupos principales y, al mismo tiempo, satisfacer a todos los actores y grupos principales y, hasta hace poco, también satisfacer a partes considerables de la sociedad. Porque la estabilidad social era una de las prioridades; el problema es que no era la principal prioridad. La principal prioridad era el consenso entre las élites. Asegurarse de que el resto de la sociedad estuviera más o menos satisfecha era la segunda prioridad. Y durante la pandemia, cuando el Gobierno tuvo que elegir, optó por preservar el consenso entre las élites por encima del consenso en el seno de la sociedad en sentido más general, porque simplemente no tenía los recursos para satisfacer ambas prioridades. Esa fue una ruptura muy importante con la experiencia anterior de Putin.

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Vadim Putintsev, de 21 años, y Olga Bykovskij, de 23, jóvenes simpatizantes del Partido Comunista de la Federación de Rusia, en Lipetsk, hablan entre sí durante una manifestación en marzo de 2018 en protesta por el fraude electoral en las elecciones rusas. © Alexander Zemlianichenko/AP

 

Nos encontramos ahora en un momento diferente, y las propias élites están cada vez más frustradas, porque parece que no tienen los recursos necesarios para sobrevivir si siguen funcionando como hasta ahora. Todo el mundo entiende que hay que sacrificar a alguien, y todo el mundo quiere que se sacrifique a otro. Entonces, ¿quién va a pagar el precio? Ya le hicieron pagar el precio a la sociedad la primera vez, pero más tarde se dieron cuenta de que eso no era suficiente. El precio tendrá que ser mucho más alto, así que lo va a tener que pagar alguien más, no sólo los asalariados, no sólo las masas: algunos segmentos de la élite tendrán que sacrificar algo también.

Hemos llegado a un punto en el que los conflictos dentro de la élite son cada vez mayores, independientemente de lo que quiera Putin. Por lo tanto, en este preciso instante, la creación de consenso es cada vez menos posible. Lo que estamos viendo, entonces, es que Putin parece estar cambiando la forma en que tradicionalmente ha operado. Ahora se está convirtiendo en un jugador, más que en un creador de consenso. Desde esa óptica, irónicamente, esa imagen autoritaria de Putin dirigiéndolo todo está cada vez más cerca de ser cierta, ahora que el régimen de Putin está en crisis. Porque no puede satisfacer a todo el mundo como lo hacía antes, lo que significa que ahora tiene que concentrarse en satisfacer a un círculo muy pequeño de sus amigos más cercanos.

Radhika Desai: ¿Puede nombrar los principales conflictos que están surgiendo y que dificultan la tarea de crear un consenso entre las élites?

Boris Kagarlitsky: Al parecer teníamos 100 familias, más o menos, que mantenían el control. Y, por supuesto, sabemos quiénes lo controlan todo: Rosneft, Lukoil, Gazprom, y también gente de la administración como Kiriyenko, que controla la burocracia y, obviamente, tiene sus propios intereses. También existen algunas élites locales que hay que tener muy en cuenta, porque tienen sus propios intereses (en Tatarstán, por ejemplo; las élites de allí eran muy poderosas). Así que hay bastantes élites de ese tipo. Por otro lado tenemos a Sobyanin y su banda de Moscú, que controlan la capital, así como intereses comerciales específicos en torno a San Petersburgo, muy regionales, pero también muy poderosos. De modo que todos ellos tenían que participar en el proceso.

Y ahora parece que, por ejemplo, el grupo de Sobyanin se ha alejado del Kremlin. Por supuesto, tienen que demostrar que son leales. Pero demostrar su lealtad formal es todo lo que hacen; no están involucrados en lo que pasa sobre el terreno. Por ejemplo, cuando se produjeron las protestas, la mayor parte del Gobierno estaba como alienado del proceso de adopción de decisiones. La mayoría de las prácticas represivas que vimos utilizar contra los manifestantes, por ejemplo, fueron dirigidas por la administración federal. A veces eso ha dado lugar a algunos acontecimientos curiosos. Así, recientemente en Moscú se prohibieron las protestas y las marchas. Pero hay un pequeño territorio cerca del Kremlin donde se encuentra ese monumento, la Tumba del Soldado Desconocido, y el territorio alrededor de ese monumento es en realidad controlado por el gobernador militar del Kremlin. Y así, mientras que en toda la ciudad estaban prohibidas las manifestaciones, el gobernador militar del Kremlin permitió una manifestación en su territorio, que era muy pequeña, pero aún así había sido autorizada y definitivamente contravino la política general. Y, por cierto, eso te dice mucho sobre lo que piensan los militares acerca de lo que está pasando ahora...

Radhika Desai: Muy interesante.

Boris Kagarlitsky: Y por eso creo que se está apartando a las élites originales de Moscú y San Petersburgo; que definitivamente están alienadas del proceso de adopción de decisiones. Irónicamente, no cabe duda de que somos testigos del hecho de que no sólo las empresas privadas, sino también algunas de las empresas semiestatales, tienen cada vez menos influencia en el proceso. Al mismo tiempo, vemos que determinadas familias se vuelven cada vez más poderosas, como los hermanos Rotenberg, que son los principales subcontratistas del Estado o de grandes proyectos estatales, como el puente de Crimea, por ejemplo. Y los hermanos Kovalchuk —así como toda la familia Kovalchuk—, quienes están muy involucrados en la privatización de recursos que antes se dedicaban a desarrollar diferentes proyectos científicos y demás. Por lo tanto, mientras Putin esté enfermo, técnicamente esa gente controla el presupuesto, entre otras cosas.

Puedo citarte un ejemplo sacado de mi propia experiencia. Mantengo contactos frecuentes con Serguey Mironov, quien dirige un pequeño partido socialdemócrata en la Duma Estatal, y que está ahora en vías de ser destruido gracias a algunas decisiones tomadas en el Kremlin, pero esa es otra historia. Antes, cada vez que había problemas, Mironov podía llamar a Putin, porque eran amigos desde hace muchos años; razón, entre otras, por las que podía existir ese partido. Cuando había problemas, cuando algo iba mal, podía siempre conseguir una reunión con Putin, quejarse ante su viejo amigo, el gran jefe, y éste siempre lo protegía. Ahora, se está forzando al partido de Mironov a fusionarse con otros dos partidos que nada tienen que ver con la socialdemocracia y nada tienen que ver con Mironov; parece que Mironov está en vías de ser sustituido y expulsado. Así que le pregunté: "¿Por qué no intentaste localizar a Putin para que te salvara como lo hizo otras veces?". Y me dijo: "No había manera de llegar a él. No había forma de conseguir una reunión. Todo está controlado por dos o tres personas, y no hay manera de que nadie pueda acceder al Presidente." Entonces, en ese sentido, también se trata de una cuestión técnica. Hay un pequeño grupo, un muy pequeño grupo, que está tratando de concentrar el poder. No es Putin solo; es un pequeño grupo de personas. Pero controlan al Presidente, entre otras cosas. Y ahora están en conflicto con el resto de la élite, porque no dejan que otros tengan acceso a Putin.

***

Radhika Desai: Tal vez debamos empezar ya a poner punto final a esta interesante conversación, pero antes tengo un par de preguntas que me parecen importantes.

Has pintado una imagen muy vívida de cómo el sistema de poder de Putin se ha visto socavado por recientes dificultades (reformas neoliberales, pandemia de COVID-19, etc.), y cómo Putin se enfrenta ahora a esta oleada de oposición. Pero también has descrito cómo Navalny no es necesariamente el líder de esa oposición, y sabemos que se acercan las elecciones a la Duma en septiembre de este año, por lo que se podrían producir más cambios. Teniendo todo esto en cuenta, ¿puedes hablarnos un poco de cómo crees que se vaya a desenvolver la situación? ¿Qué fuerzas se beneficiarán de esta agitación política? ¿Qué escenarios buenos, malos y feos crees que podrían desarrollarse?

Boris Kagarlitsky: Buenos, malos y feos, ¿eh? [Risas]. Bueno, veamos... En este momento, no veo ningún buen escenario. Pero empecemos por las fuerzas sobre el terreno. Si te fijas en el bloque de Navalny, un sociólogo que dirige el servicio de encuestas de opinión le dio al partido de Navalny alrededor del 15 % de los votos si tuviéramos elecciones imparciales. Y, por cierto, 15 % de los votos no está nada mal. Pero Navalny está lejos de ser el líder de la nación y de ir por delante de todas las demás fuerzas de la oposición. El Partido Comunista se encuentra aproximadamente al mismo nivel. Y, curiosamente, cuando el partido se comporta de manera más radical, cuando sus líderes son más radicales, su cuota potencial de votos aumenta hasta cerca del 25 o el 30 %. En total, la puntuación sociológica de Rusia Unida, el partido en el poder, es de alrededor del 25 al 30 %. Es mayor, en este momento, que la de cualquier otro partido, pero todavía está muy por debajo del nivel en el que solía estar, que rondaba del 50 al 60 %. Por lo tanto, han perdido la mitad de su electorado, al menos, si no más...

Radhika Desai: Debo aclarar a los oyentes que Rusia Unida es el partido de Putin.

Boris Kagarlitsky: Sí, es el partido oficial, el partido de Putin. Y ese partido solía ser muy impopular en Moscú y San Petersburgo, pero se las arregló para conseguir y disfrutar del apoyo de grandes mayorías en pequeños pueblos de las zonas rurales. Es interesante, porque, y esto también se sabe de lugares como los Estados Unidos, las zonas más deterioradas y degeneradas no son necesariamente aquellas en las que predominen las opiniones de izquierda. Más bien al contrario, la gente es mucho más conservadora. Sin embargo, lo que produjo Navalny, la llamada "Revolución de nieve", demostró que la geografía política había cambiado. Ahora, curiosamente, son los pueblos pequeños los que están muy enfadados. No están necesariamente decantándose por ninguna fuerza política en particular para que los represente, pero las marchas y protestas más airadas y radicales se producen en las ciudades pequeñas, que solían ser el baluarte del partido oficial.

Si te fijas solamente en el número de personas que salieron a la calle, podrás ver aquí y allá que había como 500 personas en protestas más pequeñas. De acuerdo, pero la población del lugar donde esta o aquella protesta se llevó a cabo es tal vez sólo de 10.000 personas, ¿te das cuenta? Si hablamos de un lugar que tiene una población de 10.000 habitantes, y salen 500 personas a la calle, ¡es una gran masa de gente! Sigue siendo una proporción mucho mayor de la población que en las protestas en Moscú y en San Petersburgo.

Así pues, está cambiando la sociología de la política rusa. Y la gran pregunta es ¿quién va a conseguir el apoyo de esas personas a largo plazo? Pero la estrategia de la actual administración presidencial, a través de Serguey Kiriyenko, es muy simple: "No vamos a permitir que ningún tipo de votación influya en el resultado de las elecciones. Las elecciones son demasiado importantes para dejarlas en manos de los votantes...”

Radhika Desai: [Risas]. Así es.

Boris Kagarlitsky: Y ya ves cómo, en 2020, se estableció en Rusia una nueva forma de contar los votos, la llamada "votación de tres días". El proceso de votación dura tres días, y durante los dos primeros no se cuentan los votos. Y así, normalmente hay votos que, aunque teóricamente debían haberse emitido en los dos primeros días del proceso de votación, en realidad se prepararon antes de las elecciones. Ya tienen los paquetes con las boletas, y esas boletas se rellenan antes de las elecciones. Ya lo hicieron en septiembre de 2020: cuentan los votos el último día de las elecciones, pero en los dos primeros días hay ya boletas suficientes para dar cuenta de cerca del 60 % de los votos. Lo que significa que, independientemente de la votación, el resultado está garantizado de antemano.

Radhika Desai: Es una manera de inflar boletas, básicamente...

Boris Kagarlitsky: Bueno, sí, en cierto sentido se trata de inflar boletas ¡pero además no permite contar los votos! Y es esto lo que ya vimos que ocurrió en septiembre. En aquel entonces, viajé por algunas regiones, y en todos los lugares a los que fui el cuadro era el mismo. Cuando abres los paquetes con las boletas de los dos primeros días de las elecciones, el 100 % de las boletas del paquete eran para el candidato del gobierno [Risas]. Ni una sola para otro candidato. Ni siquiera se intentó fingir que nada turbio estaba pasando. Por eso, la gran pregunta es si la gente se tomará en serio estas elecciones. De los 450 candidatos que van a ser elegidos, Rusia Unida ya ha seleccionado 340 candidatos. Ahora bien, un colega muy bien informado me ha dicho que Rusia Unida anda diciendo que eso no es suficiente, porque no pueden satisfacer todos los intereses a los que se supone que representan. Así que ahora piden cinco escaños más: 340 de 450 no es suficiente; se necesitan 345 para contentar a todos. Por lo que a la oposición le van a dejar sólo 105 diputados.

Pero eso es sólo una parte de la historia. Lo que es peor, la estrategia de Kiriyenko es impedir que se postule cualquier político de la oposición que sea popular. Esto es muy importante: no están impidiendo ya que se elija a esos candidatos; están impidiendo que se postulen. ¿Por qué? Porque, si se postulan, pueden organizar una campaña, pueden movilizar a la gente y, luego, una vez que los arrollen mediante el fraude electoral, pueden utilizar ese fraude para movilizar a sus partidarios para que protesten. Por lo tanto, la cuestión es, en primer lugar, no dejar que se inscriban para postularse.

 

"Tenemos que aprovechar este bloque emergente, esta coalición emergente entre el ala izquierda o el ala independiente del Partido Comunista y la izquierda extra-parlamentaria, que es una fuerza emergente que se ha hecho cada vez más visible en muchas regiones. Ya sea para las elecciones o para cualquier otra cosa, tenemos que construir esa coalición."

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Boris Kagarlitsky © anews.com

Radhika Desai: Si me permites aclarar algo por un segundo: esto que acabas de decir de que el partido de Putin quiere tener asegurados 345 escaños, ¿es algún chisme sin otra fuente que meros rumores?

Boris Kagarlitsky: Bueno, podría hablarse de algún tipo de chisme, pero te puedo garantizar que es cierto [Risas], porque son chismes que le he escuchado decir a la gente que trabaja para la administración...

Radhika Desai: Sí. Sólo quería que los oyentes supieran que era ese el caso.

Boris Kagarlitsky: Bien. Pero la cuestión es que ahora la política del Gobierno es impedir que la gente se postule. Por ejemplo, he mencionado ya a Nikolay Bondarenko, ¿cierto? Nikolay Bondarenko es un bloguero muy conocido y popular en Saratov. Vyacheslav Volodin, el actual presidente de la Duma, también es de Saratov. Y así, Bondarenko anunció que iba a postularse por la misma circunscripción, para el mismo escaño que Volodin. Por supuesto, todo el mundo sabe que Bondarenko es mucho más poderoso que Volodin, especialmente en Saratov. Y también por supuesto, sabemos que a Bondarenko no se le va a permitir que gane. Así que ahora acusan a Bondarenko, irónicamente, de fraude financiero. Lo van a llevar a juicio. Y una vez que (probablemente) lo condenen, no lo van a meter en la cárcel, pero le van a impedir presentarse a las elecciones, porque según la ley rusa, si te condenan, no puedes postularte. Eso está ocurriendo ahora mismo.

Entonces, ¿por qué acusaron a Bondarenko de fraude financiero? Porque está recogiendo donaciones en su canal de YouTube...

Radhika Desai: [Risas]. Así es...

Boris Kagarlitsky: Eso se considera fraude financiero. Y lo mismo le ocurrió a otro tipo de la Duma Municipal de Moscú, que mencionó que probablemente iba a presentarse a las elecciones a la Duma Estatal. Fue el primero en ser condenado por fraude financiero, y lo acusaron porque había redistribuido dinero entre sus ayudantes, dinero que estaba reservado para los ayudantes que trabajaban para él en la Duma. No tomó ni un solo centavo de ese dinero para sí mismo. Pero aun así, dijeron que estaba distribuyendo indebidamente el dinero entre su gente. Así que también fue condenado y expulsado de la Duma Municipal. Después de eso, me aseguré de publicar una declaración en mi canal de YouTube diciendo: "No voy a presentarme a la Duma." [Risas]

Radhika Desai: [Risas]. Bueno, eso me lleva a la siguiente pregunta: ¿De qué manera piensas participar en los próximos procesos políticos de este año? ¿Y qué escenarios crees que podrían surgir tras las elecciones?

Boris Kagarlitsky: En primer lugar, creo que pasarán muchas cosas antes de las elecciones que determinarán el resultado final. Porque, ahora mismo, ellos tienen planes, nosotros tenemos planes, todo el mundo tiene planes, pero esos planes pueden cambiar, y puede que algunas cosas no salgan según los planes, ya sean los planes de Kiriyenko, o de Putin, o de Kagarlitsky, o de cualquier otro. Eso es lo primero.

En segundo lugar, creo que tenemos que aprovechar este bloque emergente, esta coalición emergente entre el ala izquierda o el ala independiente del Partido Comunista y la izquierda extra-parlamentaria, que es una fuerza emergente que se ha hecho cada vez más visible en muchas regiones. Ya sea para las elecciones o para cualquier otra cosa, tenemos que construir esa coalición.

Por supuesto, también hay algunos líderes que son cada vez más importantes para la agenda nacional. Serguey Levchenko, por ejemplo, sigue siendo una de las personas más destacadas de la izquierda. Y es tremendo y constante el ataque contra él. ¿Sabías que su hijo fue detenido y ahora está en la cárcel? Ahora que lo pienso, también está acusado de fraude financiero [Risas]... Es una acusación muy habitual.

 

Radhika Desai: Al parecer, es una buena acusación que hacer contra cualquiera que quieras socavar...

 

Boris Kagarlitsky: Exactamente. Y también tiene sentido, porque, además, ya son bastantes quienes son detenidos por cargos políticos, pero en Rusia ese tipo de cargos no sirven para socavar la reputación de nadie. Al contrario, si alguien es detenido por cargos políticos, es bueno para su reputación. Por eso siguen acusando a la gente de fraude financiero. Y, como el sistema financiero ruso y el propio sistema tecnológico ruso son tan irregulares y caóticos, es muy fácil acusar a la gente de cualquier irregularidad. Todo el mundo lo sabe.

En cualquier caso, el hijo de Serguey Levchenko, Andrey Levchenko, que era diputado de la asamblea original, era el presidente de la facción en la asamblea, está ahora en la cárcel. De hecho, estuvo en la misma cárcel que Alexey Navalny. No sé si estaban o no en comunicación; no se puede comprobar realmente, y no había forma de ponerse en contacto con esas personas. Pero la cuestión es que Andrey Levchenko había estado allí durante mucho más tiempo. Ha estado allí durante varios meses y ni siquiera lo han interrogado. Es como un rehén.

Sabemos que Serguey Levchenko no es el tipo de persona que se asusta o se rinde. Y Andrey también se mantiene bastante firme. Así que creo que Serguey Levchenko se va a mantener activo. Y ahora la pregunta más interesante es ¿cómo puede el Gobierno impedir que se presente en Irkutsk? Es una cuestión abierta, sin embargo, si realmente serán capaces de hacerlo, posiblemente no. Ya veremos...

Un problema es que, en muchos sentidos, la dirección del Partido Comunista es un aliado del Gobierno contra sus propios miembros. Eso lo hace muy difícil. Pero en abril vamos a tener el Primer Congreso del Partido y veremos quién va a ganar, porque el partido se encamina hacia un gran conflicto. Otro rumor que he oído —que podría ser cierto, o no— de los propios Levchenko y Rashkin es que la administración presidencial quiere sustituir a Guennady Zhyuganov, que es el actual líder del partido [comunista] de la oposición, por alguien que esté totalmente controlado. Personalmente, creo que Zhyuganov es horrible, pero aun así, como me dijo uno de mis colegas del Partido Cominista, "lo echarás de menos cuando lo sustituya el nuevo líder".

Radhika Desai: Porque el nuevo candidato estará aún más bajo el control del Kremlin...

Boris Kagarlitsky: Exactamente. Así que esa es la estrategia de la administración; si va a funcionar, no lo sabemos. Hay una resistencia cada vez mayor a esa estrategia dentro del partido [comunista]. También hay un movimiento cada vez mayor en las organizaciones locales del partido, y algunos de los activistas más radicales han sido expulsados. Por ejemplo, Maxim Kukushkin en Jabarovsk, uno de los líderes más prominentes de las protestas y un diputado elegido para la candidatura del Partido Comunista, ha sido expulsado del partido. Además, bastantes personas van a abandonar Spravedlivaya Rossiya (Rusia Justa), debido a la fusión que se les ha impuesto.

Por lo tanto, ahora estamos intentando reunir a toda esta gente dentro de un movimiento, una coalición, una amplia coalición de izquierda, que incluya a la gente del Partido Comunista, a los que fueron expulsados del partido, a la izquierda extra-parlamentaria, a los sindicalistas, etc. Y creo que podemos conseguir muchas cosas siguiendo este camino. Tenemos el apoyo de al menos algunos elementos radicales dentro del Partido Comunista, y creo que ahora tenemos los recursos para hacerlo, y tenemos los contactos. Así que vamos a construir esta coalición. Y no se trata de elecciones, sino de protestas, de política de base y de objetivos a largo plazo.

 

 

Notas

 

[1] El viernes 23 de abril, a través de su cuenta de Instagram, Navalny anunció que, por prescripción facultativa, pondría fin a su huelga de hambre tras 24 días.

[2] Diario electrónico, en ruso, del Instituto de Globalización y Movimientos Sociales que dirige Kagarlitsky. De la sección “¿Quiénes somos?”, extraemos y traducimos el primer párrafo: “La revista electrónica Rabkor apareció en 2008, en plena 'primera ola' de la crisis económica mundial, cuando Europa occidental perdía la confianza en las recetas de los economistas liberales y Rusia apenas experimentaba un descenso del precio del petróleo. El equipo del Instituto de Globalización y Movimientos Sociales (IGSM) creó la revista en respuesta a la urgente necesidad de contar con una publicación diaria de izquierda en línea que ofreciera a los oyentes un análisis de la situación actual, una plataforma de debate y una visión general de la evolución de los movimientos sociales en Rusia y en el mundo, en lugar de un conjunto trivial de mantras y eslóganes ideológicos."

[3] Manifestaciones de organizaciones nacionalistas rusas, entre ellas algunas neo-nazis, que desde 2005 tienen lugar anualmente en varias ciudades importantes de Rusia y cuyo lema es “este es nuestro país”.

[4] En ruso яблоко significa manzana.