En La Habana (y en Williamsburg) con Fabien Pisani Rolando Prats (EN)

 

Este jueves 1 de febrero, en el Café Teatro Bertolt Brecht, en El Vedado, La Habana, tendrá lugar el primer acto de lo que se espera se convierta en una de las celebraciones musicales de referencia en La Habana, ZAFRA JAMS, auspiciado por PM Records y el Laboratorio Nacional de Música Electroacústica. El fundador y principal animador de ZAFRA JAMS y de los proyectos en que han tenido su origen y principal apoyo es el músico, cineasta, productor musical y promotor cultural cubano Fabien Pisani. Sobre Musicabana y sus otros proyectos en Cuba, en particular, ahora, ZAFRA JAMS, hemos conversado en varias ocasiones con Fabien Pisani, tanto en La Habana como en Williamsburg (Brooklyn, Nueva York), puntos cardinales entre los que Pisani se mueve constantemente al ritmo exclusivo de las demandas de sus proyectos, que lo ocupan a tiempo completo y, para quienes lo hemos visto trabajar, también de manera contagiosa y estimulante. Nos pareció oportuno compartir esta vez algunas de sus reflexiones con todos los lectores interesados, en Cuba y en todas partes, en víspera de esta próxima primera noche de ZAFRA JAMS en el Bertolt Brecht, en la esquina de 13 e I, en El Vedado, La Habana, el jueves primero de febrero, a partir de las 10 PM. (Rolando Prats, Editor, Patrias. Actos y Letras).

 

1. En marzo de 2016 lograste algo que hasta entonces habría parecido imposible: poner a Diplo y Major Lazer frente a medio millón de jóvenes, en el lugar más políticamente cargado del Malecón, y poder decirles: toquen y digan lo que quieran. Aquella enorme y sorprendente fiesta no solo terminó sin contratiempos, sino que a muchos les dejó un sabor a realización y promesa, la de que en Cuba es posible ser al mismo tiempo audaz y constructivo, franco y sagaz. Apenas dos meses después, en mayo, llenaste la Tropical y la Fábrica de Arte Cubano de personas de todas las edades y varios países durante la primera edición del festival Musicabana. Todo esto a fuerza de imaginación, voluntad, esfuerzo, paciencia y con escasos recursos financieros, incluidos los tuyos propios. ¿Qué ha pasado desde entonces con Musicabana y tus otros proyectos cubanos?


Hemos seguido trabajando para que las instituciones cubanas comprendan la importancia para Cuba de un evento como Musicabana y para que aprueben su segunda edición. Hay otros proyectos en los que hemos trabajado muchísimo, pero que por una razón u otra no se han logrado. Por cada proyecto realizado hay otros tantos que se quedan por el camino y que exigen el mismo esfuerzo. Hay mucho en todo esto de apuesta desde la mejor fe, y no hablo aquí necesariamente de dinero, sino de tiempo y esfuerzo, incluso de ilusiones. Si hemos insistido es porque estamos seguros de que lo que hacemos es necesario, por no decir urgente, no para una Cuba imaginaria del futuro, sino para esta Cuba concreta de hoy, estos cubanos que ya somos, para que todos, hasta quienes nos puedan ver con desinterés o suspicacia, podamos salir ganando.

 

La voluntad sigue siendo la de llevar la industria cultural cubana a niveles que estén más a tono, y a la larga a la altura, con las realidades, las necesidades y las posibilidades del momento, y fomentar mecanismos de financiación que complementen y apoyen, sin contradecir ni obstaculizar, el trabajo que hacen las instituciones culturales. En general, y en teoría, en el papel y en las buenas intenciones, hay consenso entre esas instituciones y quienes estamos tratando de poner en juego otros recursos, sobre todo intelectuales y humanos, y nuestra imaginación al servicio de la cultura que todos decimos amar y defender.

 

Es necesario, sin embargo, cuando se habla o se trata de hacer algo en ese enorme campo que es la cultura, comprender el valor intrínseco más que el costo de cualquier proyecto cultural, y desarrollar esos mecanismos económicos complementarios para que siga enriqueciéndose y conociéndose mejor la cultura cubana, de manera sostenible y sostenida, y sin tener que depender de benefactores o circunstancias internacionales. Que el balance final en términos económicos (the bottom line) no defina, en la cultura, si vale la pena apostar a una idea o proyecto, sino la capacidad que esa idea o proyecto tengan de re-vitalizar e incluso enriquecer, re-dimensionar, un sentimiento de pertenencia y auto-reconocimiento que, en un país como Cuba, ha estado siempre asociado con la familiaridad en lo diverso.

 

Que se entienda que cultura cubana es todo lo que está pasando en el país desde una perspectiva creadora, no solo el arte, o la literatura, o el cine, o la música, o el universo audiovisual en su conjunto, sino un estado colectivo de expresión de nuevas realidades, nuevas expectativas, nuevas necesidades. En ese sentido, incluso en Cuba y entre los cubanos, todavía existe una idea muy limitada de lo que se está haciendo culturalmente en el país. Creo que, incluso, antes existía una conciencia mucho más clara de todo eso, y había menos distancia entre La Habana y el resto del país, por no hablar de que fuera de Cuba existía una imagen menos simplista y hasta caricaturesca de la cultura cubana.


Todo esto a un lado, lo que nos tiene ocupados ahora mismo es ZAFRA JAMS, una fiesta que vamos a lanzar esta semana en el Café Teatro Bertolt Brecht, en El Vedado, y que estaremos haciendo todos los jueves. Este esfuerzo tiene antecedentes en un par de fiestas similares que hicimos en Williamsburg, Nueva York. Pero lo que nos interesa es hacerlo en Cuba, sobre todo porque todavía en Cuba el dinero no es el factor clave ni la consideración última. En ese sentido, en el de la posibilidad de hacer cosas grandes con relativamente poco dinero, Cuba sigue siendo un lugar singular, quizás único.
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

2. ¿Qué devenir le deseas o imaginas a estas fiestas en el Bertolt Brecht?

Aunque asombre a muchos oír esto, no hay muchas buenas fiestas en La Habana. Y el objetivo principal de ZAFRA JAMS es ese, crear un espacio más de baile, música, alegría, reencuentro, en el orgullo y el reconocimiento mutuos. Una de las cosas que me sorprende es que el horizonte de referencia cultural de la juventud en Cuba parece haberse reducido, especialmente en relación con la música. En un país que siempre ha sido centro de tantas innovaciones y origen de tantas influencias musicales se escucha y baila muy poca música caribeña, africana, brasileña, indie o electrónica de hoy. Y por ahí va el concepto rítmico y musical de estas fiestas: reinsertar en la conciencia y la conversación esa diversidad, ponerla de nuevo a dialogar con lo que nos define, fomentar esas sinergias que siempre han sido naturales. ¿Cómo lo hemos hecho? Conversando con jóvenes dj’s del Laboratorio Nacional de Música Electroacústica con los que existe alguna complicidad sobre estos temas, e invitando a participar a jóvenes dj’s de la comunidad africana de La Habana, principalmente estudiantes. 

 

 

3. En balance, ¿con qué te quedas de estos casi dos años de acción cultural directa en Cuba y qué esperas seguir logrando?

Con una creencia y una esperanza: que hay muchísimo por hacer y que es posible hacerlo. Que las instituciones deben confiar más en todos los que estamos tratando de crear valor cultural, de fomentar y enriquecer la cultura cubana. Que se cuente con nosotros, que se nos ponga a contribuir no sólo en el plano fiscal sino también en el de la voluntad y la energía creadoras que tenemos para ofrecer, de las relaciones y el conocimiento profesionales, y, por supuesto, que se nos tome en cuenta en el plano de las ideas y la configuración de decisiones. Queremos contribuir, pero también participar. Y lo extraño y frustrante es que muchas veces se les dé prioridad a actores foráneos que no tienen ningún conocimiento profundo de lo que está pasando en este país, ningún compromiso a largo plazo con lo que estamos viviendo, ninguna proyección que no sea la de la especulación y la aventura.

 

Somos nosotros para quienes Cuba no ha dejado nunca de ser horizonte y punto de partida. No hay éxito fuera de Cuba que, por muy grande que sea, no queramos reinvertir y recrear en casa. En este caso, ni siquiera se trata de traer sólo este o aquel otro tipo de música o a estos o aquellos otros músicos a Cuba, sino de crear en Cuba, con recursos y creadores cubanos, el fermento y las condiciones para que no haya que depender de que se traiga a este o aquel a Cuba para sentir que está pasando algo, a veces casi como un favor, o como la satisfacción de una vieja curiosidad o una indulgencia en el exotismo, sino para que Cuba sola, por sí misma, por su propio peso, sea de nuevo plaza ineludible, elemento indispensable de cualquier ecuación musical en el mundo. Como lo fue en distintas etapas y por largos años. Y porque ideas como nación, independencia, soberanía, libertad o simplemente futuro se fermentan, fomentan y se defienden en gran medida en y desde la cultura. Es en la cultura, como expresión más rica de la vida, que esas ideas adquieren muchas veces cuerpo e imagen y, como tales, se vuelven tangibles, presentes, imprescindibles.

 

(En Brooklyn y La Habana, 30 de enero de 2018)