Golpe sin Estado Joe Emersberger y Justin Podur

 

Un sexto y larguísimo intento de golpe de Estado en Venezuela

11 de julio de 2021

 

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La frontera física entre Cuba y los Estados Unidos —o entre lo emancipado todavía posible (pueblo, Estado, pueblo-Estado, ciudadestadía) y lo que, por su naturaleza política de voluntad e inercia, la de lo imperial, se le opone— no pasa por Cayo Hueso ni por donde se miran, de una orilla a otra de ese río sin orillas que es altamar, las respectivas aguas territoriales; ni siquiera pasa por Guantánamo, sino por la Revolución como instancia desterritorializada en la que lo emancipado todavía posible adquiere formas necesariamente múltiples, pero tangibles —y lo presumido como algo meramente ideal o abstracto es más tangible incluso que lo llamado concreto o material inmediato, pues cómo ver, tocar, sentir, vivir, ser un país sino en la única dimensión en la que podemos, de una vez y a la vez, estar juntos, que es precisamente la idea de ese país, su imagen, su espíritu, en la concurrencia o la discordia—, comenzando por cada uno de nosotros, pues la frontera a la vez más visible y oculta del país somos cada uno de nosotros, no un punto al lado del otro, sino todos los puntos dentro del otro. Abstraciones o, peor, habladurías —replicarán los de siempre, con satisfecha sorna y una miseria moral sin fondo—. ¿De veras?

 

Volvámoslo a pensar, es decir, pongámonos a pensar, para empezar, en el acto elemental de resistencia a lo que nos piensa sin que ni siquiera lo sepamos. Ser es, siempre, resistir. Sólo que los del culto de la concreción —los del populismo de la ignorancia o la fatiga: pensare stanca— constantemente nos remiten a la más fraudulenta de las abstracciones (políticas) posibles, la de la llamada comunidad internacional —figura leguleya del espíritu de los tiempos, que es siempre el espíritu de los tiempos pasados que aún no se han enterado de que lo son— (las Naciones Unidas, la Bachelet (¡!), la OEA, Amnesty International, ah… Amnesty International o la insoportable levedad de quien reparte victimidades sin tomar posición, todas las cartas y todos los pactos y todas las declaraciones de derechos humanos —es decir, de los derechos, todos, del individuo, pero ninguna, ninguno… de los derechos de la humanidad—, The New York Times o The Washington Post o The Miami Herald o hasta el no menos selectivo Bernie Sanders, quien, en campaña o no, parece siempre querer quedar bien, como el menos sigiloso aunque mucho más demagógico Obama, con Dios y con el diablo), entidad a la misma vez muelle y pétrea, según lo dicte la conveniencia de la hora de los poderes que deciden en qué tiempo vivimos.

 

Y la integridad de esa frontera que somos cada uno está hoy, una vez más, bajo amenaza —no uno al lado del otro, sino todos, como conciencia colectiva, en cada uno, en la concurrencia o la discordia (y en esa discordia hay, et comment !, de lo que se puede poner entre paréntesis, pero que jamás se podrá resolver)—, tal vez como nunca antes, tal vez más de lo que sabemos.

 

Los guiones imperiales hace tiempo que se han escrito —su matriz es tan vieja como la arrogancia del poder que dispone de una capacidad de fuego sin límites pero, tal vez por eso mismo, insuficiente o meramente torpe para asestar el tiro de gracia—, que se han ensayado, que se han convertido, literalmente en este caso (hablamos de elecciones electorales), en éxitos de taquilla (Nicaragua) —o tienes principios o tienes paz o algo que comer, escoge— o, más recientemente, en papilla de verdades a medias (fraude electoral, o denuncias de fraude electoral, o protestas civiles, o golpe (llamado) cívico-militar, o golpe de Estado, y punto, en Bolivia), o —la hipótesis tiene tanto de descabellado cuanto seamos capaces de condenarla a lo hipotético— ¿Marco Rubio, en sus caquis crema y su polo shirt, sudoroso y erotizado, del otro lado de la perley en “Guantánamo Bay”? Pero también en lo equívoco: dónde comienza y dónde termina el error o la culpa de cada parte, pregunta demasiado clara para respuestas demasiado promiscuas: (Nicaragua, y de nuevo Bolivia… Venezuela)

 

Lo cual no obsta para elegir de qué lado intentar responder a esa o a cualquier otra pregunta. Pues, en este mundo, no queda ya un solo palmo política o moralmente virgen para poder permitirse uno, con un mínimo de legitimidad o de decencia, decirse (y decir): déjame pensarlo primero. Por lo que en la frontera que cada uno es, cada uno tendrá que decidir de qué lado de la frontera se pregunta, responde, elige. (Rolando Prats)

 

 

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El artículo que sigue, traducido y adaptado del inglés por Rolando Prats para Patrias. Actos y Letras, apareció con el título original “The Guaidó Era. A Sixth, Very Long Coup Attempt” en el número de junio de 2021 (Vol. 73, núm. 2) de Montly Review (pp. 37-53). Joe Emersberger es ingeniero, escritor y activista residente en Canadá. Artículos suyos, centrados en la cobertura de las Américas por parte de los medios de comunicación occidentales, han aparecido en FAIR, CounterPunch, The Canary, Telesur English y ZComm. Justin Podur es profesor asociado en la Facultad de Cambio Ambiental y Urbano de la Universidad de York. Es autor de Haiti's New Dictatorship, Siegebreakers, and America's Wars on Democracy in Rwanda and the DR Congo. El artículo de Emersberger y Podur es un extracto y una adaptación del capítulo 3 de Extraordinary Threat: The U.S. Empire, the Media, and Twenty Years of Coup Attempts in Venezuela (Monthly Review Press, 2021). Todas las citas han sido traducidas directamente del inglés. Las notas son las del artículo original.

 

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Las sanciones impuestas por los Estados Unidos habían matado ya a decenas de miles de venezolanos antes de que el reconocimiento de Juan Guaidó como presidente interino en 2019 condujera a la imposición de sanciones aún más mortíferas. En agosto de 2017, el presidente Donald Trump impuso sanciones financieras contra Venezuela que hicieron que el gobierno de ese país perdiera al menos 6.000 millones de dólares en ingresos petroleros durante los doce meses siguientes, cifra equivalente a alrededor del 6 % del producto interno bruto de Venezuela, en una región en que la mayoría de los países gastan anualmente en atención médica alrededor del 7 % del producto interno bruto[1]. La prensa occidental condenó los “puntos rojos” apostados a la salida de los colegios electorales, pero fue impermeable a la realidad de que las sanciones impuestas por los Estados Unidos eran una pistola en la cabeza del electorado venezolano[2]. El mensaje era claro: se infligirá un tremendo dolor económico al país hasta que se vaya Nicolás Maduro.

 

Francisco Rodríguez, economista venezolano opuesto a Maduro, reconoció la dramática correlación entre las sanciones financieras impuestas por Trump y la estrepitosa caída de la producción petrolera de Venezuela en un artículo que escribió para la Washington Office on Latin America (WOLA)[3]. (En el cuadro 1 se muestran sus principales conclusiones).

 

Rodríguez pudo determinar que la producción de petróleo en Venezuela había seguido el mismo patrón general que en Colombia hasta que Trump impuso sanciones financieras. Los niveles de producción en ambos países siguieron básicamente los precios internacionales del petróleo, pero tras la imposición de las sanciones por Trump los niveles de producción en ambos países divergieron drásticamente. La de Venezuela se desplomó mientras que la de Colombia se estabilizó. Si la producción de Venezuela hubiera seguido el mismo patrón que antes de la imposición de las sanciones financieras, sus ingresos petroleros habrían sido drásticamente mayores.

 

¿Cómo exactamente perjudicaron a Venezuela las sanciones financieras impuestas por Trump?

 

Uno de los principales activos del gobierno venezolano, la empresa estatal CITGO, tiene su sede en Texas. La empresa petrolera estatal de Venezuela Petróleos de Venezuela S.A. (PDVSA) era la empresa matriz de CITGO[4]. Las sanciones impidieron que CITGO enviara ganancias y dividendos a Venezuela, cuya suma promediaba unos 1.000 millones de dólares al año desde 2015[5]. Según explica Rodríguez, las sanciones impuestas por Trump también imposibilitaron que PDVSA siguiera pagando a los proveedores a través de la emisión de pagarés regulados por la ley del estado de Nueva York. A ese respecto, los Estados Unidos ejercen una enorme influencia, pues todos los bonos en divisa extranjera en circulación del gobierno venezolano se rigen por la ley del estado de Nueva York[6]. Del mismo modo, las sanciones pusieron fin a la muy eficaz práctica por parte de PDVSA de obtener préstamos para empresas mixtas que posteriormente se pagaban mediante la producción de petróleo.

 

 

Cuadro 1. Crecimiento porcentual mensual de la producción de petróleo en Venezuela y Colombia (2013-2019)

 

Período                                                           Venezuela                                          Colombia

 

Enero de 2013-diciembre de 2015                     0,00                                                 0,00

Diciembre de 2015-agosto de 2017                   -1,00                                                 -0,80

Agosto de 2017-enero de 2019                         -3,00                                                 0,30

Fuente: Francisco Rodríguez, "Crude Realities: Understanding Venezuela’s Economic Collapse", Venezuelan Politics and Human Rights (blog), Washington Office on Latin America, 20 de septiembre de 2018. Véase, en español, “Crudas realidades: hacia una comprensión del colapso económico de Venezuela”, accesible electrónicamente aquí.

 

En el cuadro 2 se muestran los ingresos petroleros estimados de Venezuela para los primeros doce meses a partir de la imposición de sanciones financieras por Trump. El precio del petróleo de Venezuela aumentó linealmente desde agosto de 2017, pasando de 50 dólares a alrededor de 70 dólares por barril.

 

Según las proyecciones, si Trump no hubiera impuesto sanciones contra Venezuela la producción de petróleo de ese país habría seguido cayendo al mismo ritmo que en los doce meses anteriores a la imposición de las sanciones financieras. Ello supone un descenso del 11 %, cifra muy cercana a la de las proyecciones más pesimistas que se habían hecho antes de la imposición de las sanciones financieras[7]. Sin embargo, con las sanciones en vigor, la producción se redujo en un 37 %. La diferencia de ingresos totales entre los dos casos (a lo largo del período de doce meses) es de unos 6.000 millones de dólares. Esa estimación es aún mayor si se asume que la producción de Venezuela se habría comportado mejor (disminuyó menos de lo que habría en el "peor de los casos", es decir, el de alrededor del 11 %) en ausencia de las sanciones impuestas por Trump. A su vez, se asume que esa pérdida de 6.000 millones de dólares no habría tenido ningún impacto adicional más allá de la industria petrolera, lo que también contribuye a que esta sea una estimación conservadora de los efectos provocados por las sanciones.

 

Esos 6.000 millones de dólares de pérdidas por exportaciones de petróleo fueron en dólares estadounidenses, lo cual significa que Venezuela perdió las divisas necesarias para pagar por sus importaciones[8]. Es este un punto crucial. En 2018, Venezuela pudo importar sólo 11.700 millones de dólares en bienes, según Torino Capital. El impacto en las importaciones de medicamentos fue particularmente destructivo. Según el economista estadounidense Mark Weisbrot, en 2013, mientras la economía de Vеnezuela seguía creciendo, el país importaba unos 2.000 millones de dólares al año en medicamentos[9]. En 2018, esa cantidad se había reducido a un asombroso mínimo de 140 millones de dólares —dato particularmente espeluznante, pues los medicamentos son mucho más difíciles de sustituir por la producción local que los alimentos[10]. Es imposible negar que el colapso de las importaciones de medicamentos ha resultado en la muerte de miles de personas entre 2017 y 2018, como sostienen Mark Weisbrot y el economista estadounidense Jeffrey Sachs en un artículo publicado en abril de 2019. Weisbrot y Sachs citan un aumento del 31 % en la mortalidad general durante el período 2017-2018, según una encuesta realizada por académicos venezolanos contrarios al gobierno de Nicolás Maduro. Ese aumento equivale a cuarenta mil muertes más. Se impone la cautela a la hora de citar fuentes de la oposición, pero no se puede negar que hubo miles de muertos. El propio Rodríguez ha estimado que alrededor de un tercio del aumento de la mortalidad en 2018 bien podría haberse debido a las sanciones[11]. En un mundo civilizado, esas sanciones llevarían a numerosos funcionarios de alto rango de los Estados Unidos a la cárcel por asesinato.

 

Cuadro 2: Impacto real e hipotético de las sanciones impuestas por Trump en la producción, el precio y los ingresos petroleros de Venezuela (9/2017-8/2018)

 

Sin las sanciones (hipotético)                            Con las sanciones en vigor

 

Producción          Precio         Ingresos              Producción          Precio         Ingresos

(millones             WTI            (en miles             (millones             WTI            (en miles

de barriles          (petróleo)     de millones         de barriles          (petróleo)     de millones

por día)                                de dólares)         por día)                                de dólares)

17 de septiembre   1,9                     50              2,89                  1,9                    50              2,89

17 de octubre        1,88                   51,82         2,97                  1,84                  51,82         2,89

17 de noviembre    1,86                   53,64         3,04                  1,77                  53,64         2,89

17 de diciembre     1,85                   55,45         3,11                  1,71                  55,45         2,88

18 de enero           1,83                   57,27         3,18                  1,65                  57,27         2,87

18 de febrero         1,81                   59,09         3,25                  1,58                  59,09         2,84

18 de marzo          1,79                   60,91         3,32                  1,52                  60,91         2,81

18 de abril             1,77                   62,73         3,38                  1,45                  62,73         2,78

18 de mayo           1,75                    64,55        3,44                  1,39                   64,55         2,73

18 de junio            1,74                    66,36        3,5                    1,33                   66,36         2,68

18 de julio             1,72                    68,18        3,56                  1,26                   68,18         2,62

18 de agosto          1,7                      70            3,62                  1,2                      70             2,56

 

                                                        Total         39,26                                           Total           33,44

 

Fuente: Cálculo del autor a partir de los datos presentados por Francisco Rodríguez en "Crude Realities: Understanding Venezuela’s Economic Collapse", cit.

 

 

Las sanciones impuestas por los Estados Unidos contra Venezuela constituyen claramente crímenes de lesa humanidad, y no sólo por su impacto en los medicamentos. El programa de Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP) del gobierno venezolano también se ha visto perjudicado por las sanciones estadounidenses. Los CLAP distribuyen alimentos subvencionados y otros productos básicos directamente a los hogares de toda Venezuela[12]. Alrededor del 60 % de los hogares venezolanos han recibido suministros de esos comités, de acuerdo con la información proporcionada por Datanalisis[13]. Según datos obtenidos de otra fuente contraria a Maduro, las encuestas anuales de ENCOVI (Encuesta Nacional de Condiciones de Vida), en diciembre de 2018 casi el 90 % de los hogares estaban recibiendo productos a través del programa de los CLAP[14]. Cortar los ingresos del gobierno de Maduro mediante sanciones inevitablemente destruye su capacidad de mantener un programa del que han llegado a depender los venezolanos. Ello no podría justificarse ni siquiera en el caso de que Maduro fuera un dictador. A corto plazo, la beligerancia de los Estados Unidos afianzó la base electoral de Maduro. Pero a largo plazo, los Estados Unidos pueden imponer el tipo de resultado electoral en Venezuela que, en 1990, Ronald Reagan y George H. W. Bush produjeron en Nicaragua tras una década de terrorismo y sanciones.

 

Cuando Trump reconoció a Guaidó como presidente interino de Venezuela, señaló una nueva y más mortífera fase de sanciones. Dos días después de que Guaidó se autoproclamara presidente, Trump nombró a Elliott Abrams, experto en la conducción de guerras genocidas por delegación de los Estados Unidos en América Central en la década de 1980, como enviado especial a Venezuela[15]. Resultaba imposible pasar por alto el simbolismo de semejante decisión, la ostentación de la impunidad imperial de los Estados Unidos.

 

El reconocimiento de Guaidó por parte de Trump fue un pretexto jurídico para hacer que las sanciones estadounidenses fueran más devastadoras. Los activos del gobierno venezolano en los Estados Unidos fueron confiscados y transferidos oficialmente al autodeclarado gobierno interino de Guaidó. Los envíos de petróleo de Venezuela a los Estados Unidos también serían ahora facturados sólo por el gobierno reconocido por Washington. En otras palabras, el gobierno de Maduro simplemente estaría tirando el dinero si continuara enviando petróleo a los Estados Unidos, por cuanto no se le pagaría por ello, lo que equivale a un embargo del petróleo de Venezuela. Torino Capital, que había pronosticado una contracción del 11 % del producto interior bruto real para 2019, revisó inmediatamente sus proyecciones para la economía venezolana en el próximo año. Poco después del reconocimiento de Guaidó, lo ajustó a una contracción del 26 %, proyección que resultó ser extremadamente precisa[16].

 

Recordemos que Barack Obama impuso por primera vez sanciones económicas a Venezuela en marzo de 2015 mediante una orden ejecutiva que declaraba oficialmente una emergencia nacional (en los Estados Unidos) basada en la absurda afirmación de que "la situación en Venezuela" representaba "una amenaza extraordinaria para la seguridad nacional de los Estados Unidos”[17]. Tanto Obama, como posteriormente Trump, renovarían la fraudulenta emergencia nacional cada año. Una falsa emergencia nacional fue también el pretexto jurídico de Reagan para estrangular la economía de Nicaragua durante la década de 1980 y respaldar a los terroristas de la Contra que se oponían al gobierno sandinista.

 

No todas las emergencias nacionales son iguales. Por ejemplo, en febrero de 2019, cuando Trump declaró una emergencia nacional para eludir al Congreso en relación con la construcción de su infame muro en la frontera entre los Estados Unidos y México, se pusieron en marcha rápidamente impugnaciones judiciales[18]. Uno de los argumentos utilizados contra Trump era, como dijo un profesor de derecho, el de que "el presidente no podía decir que cualquier cosa constituía una emergencia nacional[19]". Y, sin embargo, ha sido ese precisamente el caso en Venezuela.

 

Las sanciones impuestas por los Estados Unidos son también una flagrante violación de la Carta de la Organización de Estados Americanos, de la que el gobierno de los Estados Unidos es signatario. Según el artículo 19 del capítulo IV de la Carta, "[n]ingún Estado o grupo de Estados tiene derecho de intervenir, directa o indirectamente, y sea cual fuere el motivo, en los asuntos internos o externos de otro Estado. El principio anterior excluye no solamente la fuerza armada, sino también cualquier otra forma de injerencia o de tendencia atentatoria contra la personalidad del Estado, de los elementos políticos, económicos y culturales que lo constituyen”[20].

 

Por su parte, en el artículo 2 de la Carta de las Naciones Unidas se establece que "[l]os Miembros de la Organización [de las Naciones Unidas], en sus relaciones internacionales, se abstendrán de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado[21]”.

Las sanciones impuestas por los Estados Unidos contra Venezuela constituyen claramente crímenes de lesa humanidad. En lugar de enviar ayuda, ¿por qué no poner fin a las sanciones económicas? La pérdida de 6.000 millones de dólares al año provocadas por las sanciones impuestas contra Venezuela por Donald Trump hace palidecer los 20 millones de dólares de ayuda que su administración quiso hacer pasar por la frontera con Colombia en febrero de 2019. Cortar los ingresos del gobierno de Nicolás Maduro mediante sanciones inevitablemente destruye su capacidad de mantener los programa de distribución de alimentos y otros productos básicos de los que han llegado a depender los venezolanos. Ello no podría justificarse ni siquiera en el caso de que Maduro fuera un dictador. A corto plazo, la beligerancia de los Estados Unidos ha afianzado la base electoral de Maduro. Pero a largo plazo, los Estados Unidos pueden imponer el tipo de resultado electoral en Venezuela que, en 1990, Ronald Reagan y George H. W. Bush produjeron en Nicaragua tras una década de terrorismo y sanciones.

 

 

Food lines in Venezuela.jpeg

 

Cola para comprar alimentos básicos y artículos para el hogar en un supermercado del barrio pobre de Lidice, en Caracas, Venezuela, el 27 de mayo de 2016. © RONALDO SCHEMIDT/AFP/Getty Images

 

 

A medida que el año 2020 llegaba a su fin, los Estados Unidos parecían no estar dispuestos a declarar a corto plazo el fin de la era Guaidó —el larguísimo intento de derrocar a Nicolás Maduro por medio de amenazas, llamamientos a los militares venezolanos para que perpetraran un golpe de Estado y, lo peor de todo, la constante escalada de la guerra económica. La falta de oposición a ese prolongado intento de golpe donde sería más eficaz —en los gobiernos occidentales, los medios de comunicación y prominentes organizaciones no gubernamentales— ha resultado letal. El imperio centrado en Washington es una amenaza extraordinaria para el mundo.

 

***

 

¿Qué pasaría si Venezuela se comportara como lo hacen los Estados Unidos?

 

Imaginemos que el presidente venezolano, Nicolás Maduro, hubiese dicho, como lo hizo Trump, que se negaba a descartar una "opción militar" contra los Estados Unidos o que los militares estadounidenses podrían haber "derrocado" al gobierno de Trump "en un santiamén". Imaginemos que un alto funcionario del gobierno de Maduro hubiese dicho, como lo hizo el secretario de Estado Rex Tillerson, que el ejército de los Estados Unidos podría haber intervenido como "agente de cambio" y haber enviado a Trump a una bonita "hacienda" en algún lugar; o que otro alto funcionario del gobierno de Maduro hubiese dicho, como lo hizo el sucesor de Tillerson, Mike Pompeo, que Venezuela estaba "muy esperanzada en que pudiera haber una transición" en los Estados Unidos y que los servicios de inteligencia de Venezuela estaban discutiendo con aliados regionales cómo lograr ese "resultado óptimo”[22]. Son todos esos ejemplos de amenazas que fueron proferidas mucho antes de que los Estados Unidos reconocieran a Guaidó. La primera declaración de Trump sobre una posible "opción militar" para Venezuela data de agosto de 2017. El reconocimiento de Guaidó hizo que esas amenazas fueran más frecuentes y severas.

 

Consideremos, por ejemplo, los descabellados comentarios de John Bolton, exasesor de seguridad nacional de Trump. Después del 23 de enero de 2019, fecha de la autodeclaración de Guaidó, Bolton utilizó Twitter para implorar constantemente a los militares venezolanos que le dieran las espaldas a Maduro. El 12 de marzo, Bolton tuiteó: "Los Estados Unidos apoyan plenamente al presidente interino Juan Guaidó y a la Asamblea Nacional. Seguiremos redoblando nuestros esfuerzos para poner fin a la usurpación de la Presidencia de Venezuela por parte de Maduro y responsabilizaremos a las fuerzas militares y de seguridad por la protección del pueblo venezolano."

 

Ni Bolton, un funcionario estadounidense que desempeñó un papel clave en la guerra contra el Iraq, la cual se cobró al menos medio millón de vidas iraquíes, ni ninguno de sus superiors jamás ha rendido cuentas por sus crímenes. El espectáculo de Bolton, no sólo fuera de la cárcel, sino profiriendo amenazas y presumiendo de hacer "responsable" a nadie, no dejaba de ser repugnante[23].

 

En una entrevista radiofónica el 1 de febrero, Bolton bromeó sobre la posibilidad de enviar a Maduro a un campo de tortura dirigido por los Estados Unidos en Cuba[24]. Al parecer Reuters le rió la gracia de matón a Bolton: "Olvídense de los ayatolás: Bolton y sus tuits andan pisándoles los talons a Maduro[25]". El artículo de Reuters mostraba una caricatura de Maduro entre rejas vestido con un mono naranja, mientras, frente a la celda, Bolton bailaba. Hasta llegó a afirmarse que la caricatura, del dibujante venezolano Fernando Pinilla, estaba colgada en la pared del despacho de Bolton.

 

Pasaron semanas sin que se produjera el golpe que Bolton esperaba claramente que ocurriera inmediatamente después del anuncio de Guaidó. Los Estados Unidos lanzaron graves advertencias contra Maduro de que no arrestara a Guaidó, pero durante casi dos décadas Venezuela había sido, incluso en grado sorprendente, tolerante con una oposición abiertamente insurreccional respaldada por los Estados Unidos[26]. Este hecho crucial parece haber escapado a la atención del Imperio. Guaidó encabezó grandes concentraciones. También el gobierno congregó a sus partidarios en las calles. Los Estados Unidos tendrían que organizar otra provocación.

 

 

La fallida maniobra de la ayuda

 

El 12 de febrero de 2019, durante una numerosa concentración en el este de Caracas, donde suelen vivir los partidarios de la oposición de clase alta y media, Guaidó ordenó a los militares venezolanos que permitieran la entrada de ayuda humanitaria en el país a través de la frontera con Colombia el 23 de febrero —a pesar de que carecía de cualquier autoridad jurídica para hacerlo[27]. La maniobra no logró incitar un golpe de Estado, pues los militares simplemente obedecieron las órdenes de Maduro de no dejar entrar el cargamento. Dejando a un lado la frenética propaganda, lo que tuvo lugar fue un no-acontecimiento.

 

Se trataba de un cargamento de artículos suministrados por el gobierno estadounidense que iba a ser enviado a Venezuela sin pasar por los canales oficiales de las Naciones Unidas y los grupos de ayuda internacional que ya trabajaban en el país[28]. Recordemos que el gobierno de los Estados Unidos se ha opuesto a que se entregue ayuda a Gaza desafiando el criminal bloqueo impuesto por Israel[29]. Si Israel pretendiera hacer entrar por la fuerza en Gaza algún tipo de "ayuda", como intentaran hacer los Estados Unidos en Venezuela, estaría haciéndole la competencia al cinismo de la maniobra en la frontera entre Colombia y Venezuela. La Administración Trump debería haberse visto obligada a responder por los menos a dos preguntas de los medios de comunicación occidentales.

 

En lugar de enviar ayuda, ¿por qué no poner fin a las sanciones económicas? La pérdida de 6.000 millones de dólares al año provocadas por las sanciones impuestas por Trump hace palidecer los 20 millones de dólares de ayuda que su administración pretendía hacer pasar por la frontera[30]. A su vez, ¿por qué no aumentar simplemente las donaciones a las Naciones Unidas y al Comité Internacional de la Cruz Roja, dos organizaciones que ya estaban trabajando en Venezuela?

 

Como era de esperar, no se produjo tal cuestionamiento de la Administración Trump. En cambio, los lectores occidentales fueron bombardeados con artículos engañosos, como uno de Jim Wyss para The Miami Herald, cuyo titular rezaba "Los organizadores de la ayuda a Venezuela imaginan un ‘río de gente’ desbordando el bloqueo de Maduro”[31]. Wyss escribió que "el líder venezolano Nicolás Maduro contin[uaba] rechazando la ayuda internacional, habiendo incluso llegado a bloquear una carretera que podría haber sido utilizada para su entrega".

 

El artículo de Wyss contenía dos grandes mentiras. En primer lugar, en noviembre de 2018, Maduro había solicitado públicamente ayuda para Venezuela y poco después las Naciones Unidas la habían autorizado[32]. En aquel momento, hasta Reuters informó del asunto[33]. Pero nada de ello impidió que unos meses después Reuters escribiera numerosos artículos con titulares como "Estados Unidos busca la forma de hacer llegar la ayuda a Venezuela" —afirma su Enviado", ignorando la opción de simplemente donar dinero a los cooperantes que ya estaban en el país[34].

 

En segundo lugar, la carretera "bloqueada" ampliamente mencionada en ese momento era el puente Tienditas que une a Venezuela con Colombia. Había estado bloqueado desde 2016, cuando se completó pero nunca se había abierto. Incumbe al Secretario de Estado de los Estados Unidos, Mike Pompeo, la responsabilidad de la acusación, hecha en un tuit, de que el puente había sido bloqueado por Maduro para detener la ayuda. En un artículo de la CBC de fecha 15 de febrero de 2019, esta admitió haber sido engañada, al igual que otros medios de comunicación, por Pompeo[35]. Sin embargo, en el mismo artículo, la CBC también afirmaba que el puente Tienditas había "aparecido en reportajes que describían cómo el Presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, estaba impidiendo que la ayuda alimentaria internacional llegara a sus ciudadanos en situación desesperada". La CBC desmintió una mentira, pero difundió otra aún más grave: que Maduro estaba negándole ayuda a sus ciudadanos. El artículo de la CBC contenía, además, una enorme mentira por omisión, por cuanto en él no se hacía mención de las sanciones económicas impuestas por los Estados Unidos.

 

Un artículo anterior de la CBC, de 8 de febrero, llevaba como subtítulo una afirmación falsa: "Maduro dice que la ayuda no es necesaria en Venezuela, Guaidó quiere que se la autorice[36]". Posteriormente, la CBC revisó el artículo y añadió una cláusula en el texto del artículo que decía: "aunque en otras ocasiones Venezuela ha aceptado ayuda extranjera y Maduro no siempre ha sido coherente en sus declaraciones sobre el asunto". Resultaba engañoso, sin embargo, referirse a la ayuda internacional recibida "en otras ocasiones". La CBC debería haber dicho que Venezuela "estaba recibiendo" (en tiempo presente) ayuda internacional de las Naciones Unidas y de la Cruz Roja[37]. El deshonesto subtítulo se mantuvo en el artículo revisado de la CBC.

 

En numerosos artículos, además, se hizo caso omiso del precedente histórico. Cuando, en los años ochenta, Abrams, representante especial de Trump para Venezuela, era Secretario de Estado adjunto para asuntos interamericanos, utilizó la ayuda humanitaria como cobertura para armar a los terroristas de la Contra en Nicaragua[38]. En el artículo de Wyss en The Miami Herald, el uso de la ayuda estadounidense con fines militares se presenta como algo que podia se objeto de sospecha sólo para Maduro. Críticos independientes de la política exterior estadounidense se habrían referido al precedente histórico, pero no se hizo ningún esfuerzo por citarlos. El enfoque periodístico utilizado por Wyss y muchos otros recuerda el de la etapa que precedió a la invasión del Iraq en 2003, cuando declaraciones completamente objetivas de que el Iraq no poesía armas de destrucción en masa a menudo se atribuían exclusivamente al desacreditado gobierno iraquí y no a observadores críticos e independientes[39].

 

La maniobra de la ayuda tenía como objetivo poner en manos de los militares venezolanos un pretexto humanitario para darle las espaldas a Maduro. Como de costumbre, Bolton se encargó de que las intenciones de los Estados Unidos fueran imposibles de ignorar. En uno de sus muchos tweets antes de la maniobra de la ayuda advertía: "Ninguna acción de los militares venezolanos para condonar o instigar la violencia contra civiles pacíficos en las fronteras de Colombia y Brasil será olvidada. Los líderes militares aún están a tiempo de tomar la decisión correcta[40]."

 

El senador estadounidense Marco Rubio tuiteó directamente al director de contrainteligencia militar de Venezuela: "@Ivanr_HD deberías pensar muy cuidadosamente en las acciones que emprendas en los próximos días en #Venezuela. Porque tus actos determinarán cómo pasarás el resto de tu vida. ¿Realmente quieres ser más leal a #Maduro que a tu propia familia[41]?" Al día siguiente de la fallida maniobra de la ayuda, Rubio tuiteó, sin comentarios, una foto en la que aparecía el exdictador libio Muamar Gadafi ensangrentado y en las garras de rebeldes apoyados por Estados Unidos que hubieron de violarlo y asesinarlo[42]. Se trataba de un comportamiento desembozadamente mafioso destinado a promover una misión de ayuda a las claras fraudulenta y a incitar un golpe de Estado. La maniobra quedó aún más desacreditada a los ojos de cualquier observador informado cuando Grayzone y, semanas más tarde, incluso The New York Times, desmintieron las afirmaciones de que los partidarios de Maduro habían incendiado algunos de los camiones que transportaban la ayuda. En realidad, habían sido los partidarios de Guaidó quienes incendiaron los camiones[43].

 

 

 

Amnistía Internacional añade refuerzos

Tres días antes de la maniobra de la ayuda (y poco después de reunirse con Guaidó), Amnistía Internacional publicó un informe en el que denunciaba la presunta respuesta brutal de las fuerzas de seguridad venezolanas a recientes protestas antigubernamentales escenificadas en barrios pobres[44]. La directora para las Américas de Amnistía, Erika Guevara Rosa, escribió: "[L]a justicia internacional es la única esperanza para las víctimas de violaciones de derechos humanos en Venezuela. Es hora de activar todos los mecanismos disponibles para evitar más atrocidades." Dadas las circunstancias, el informe no podia sino leerse como un intento apenas disimulado de reforzar las amenazas de Trump contra Venezuela desde el ángulo de los derechos humanos. Venezuela estaba a días de lo que fácilmente podría haber resultado en un golpe de Estado respaldado por los Estados Unidos o incluso una invasión. ¿Cuáles eran las implicaciones en materia de derechos humanos de un golpe militar o una invasión respaldada por los Estados Unidos? Cualquiera que conozca la historia de América Latina conoce la inquietante respuesta. Pero a Amnistía Internacional todo ello la tenía sin cuidado.

 

El informe de Amnistía se titulaba "Venezuela: hambre, castigo y miedo, la fórmula de la represión utilizada por las autoridades de Nicolás Maduro". Se insinuaba que el "hambre" era un arma que Maduro utilizaba contra la población, si bien el texto hacía referencia sólo a la distribución de alimentos en la siguiente frase: "Se observa una fuerte presencia de grupos armados pro-Nicolás Maduro (comúnmente conocidos como "colectivos") en esas zonas, donde los residentes dependen en gran medida de programas estatales actualmente limitados para distribuir alimentos básicos."

 

Por "programas estatales limitados" se entendía en este caso los CLAP. Amnistía Internacional no sólo ignoró el ataque de Trump contra los CLAP, sino que tachó de matones a los pobres organizados que distribuían alimentos a millones de personas. Cada vez que usaba el término colectivo, el informe se refería sólo a los pobres que portaban armas y, por tanto, los vilipendiaba como criminales. Se trata de un uso muy partidista del término y uno al que suele echar mano la oposición.

 

Según el académico estadounidense George Ciccariello-Maher, quien ha realizado una amplia investigación sobre las organizaciones chavistas de base en los barrios más pobres, el término colectivo es utilizado por esos grupos para referirse a sí mismos, y la gran mayoría de ellos no están armados. El término significa delincuentes armados  progubernamentales sólo en la definición de la oposición respaldada por los Estados Unidos[45].

 

Así, mientras Amnistía criticaba al gobierno de Venezuela por "estigmatizar" a los manifestantes de los barrios pobres, ella misma estigmatizaba a los chavistas de las zonas pobres utilizando el término colectivos de la manera en que lo hace la oposición. Y ello a pesar del hecho de que los colectivos (armados o no) serían blanco de una salvaje represión por parte de la oposición si alguna vez esta tomara el poder. Los seis intentos de golpe de Estado respaldados por los Estados Unidos desde 2002 han demostrado su total desprecio por la vida de los pobres y, en particular, por los chavistas. El aplauso de la oposición a la brutal dictadura golpista de Bolivia, que tomó el poder en 2019 y gobernó durante casi un año antes de que se restaurara la democracia, así lo subraya de manera ostensible.

 

Cuando se le preguntó directamente sobre las sanciones financieras que Trump había impuesto a Venezuela en agosto de 2017, Amnistía Internacional respondió que no tomaba posición respecto de las sanciones estadounidenses. En cuanto a su posición respecto de las declaraciones de funcionarios y políticos estadounidenses que alentaban a los militares venezolanos a perpetrar un golpe de Estado, Amnistía respondió que "un debate responsable sobre la situación actual de los derechos humanos en Venezuela no debía centrarse en declaraciones realizadas por partes ajenas al país”[46].

 

Se trata de una actitud verdaderamente escandalosa. Las sanciones impuestas por los Estados Unidos son un ataque contra los derechos de los venezolanos a la salud y la alimentación  y, de hecho, contra sus propias vidas. Las amenazas de los Estados Unidos contra Venezuela y su abierto fomento de un golpe militar son actos igualmente inexcusables y ponen en grave peligro, además, a los derechos humanos. Sin embargo, para Amnistía Internacional la única actitud responsable consistía en guardar silencio sobre esas realidades.

 

El 25 de enero de 2019, Amnistía recibió una petición en la que se le solicitaba que cambiara de posición y se opusiera a las sanciones económicas impuestas por los Estados Unidos y a la incitación deliberada a un golpe militar en Venezuela. La petición venía firmada por el cineasta y activista político John Pilger, el exrelator especial de las Naciones Unidas para Venezuela, Alfred de Zayas, y la escritora canadiense Linda McQuaig, entre otros[47]. El 7 de febrero, Amnistía actualizó su posición respecto de las sanciones y las amenazas por parte de los Estados Unidos y pidió al gobierno estadounidense que fuera cuidadoso a la hora de imponer sanciones económicas y que "vigilara" su impacto en los "grupos más vulnerables"[48], lo cual era absurdo. Los efectos mortíferos de las sanciones estaba bien establecidos desde hacía más de un año antes de que Trump las endureciara todavía más en enero de 2019. En cuanto a las amenazas por los Estados Unidos y su incitación a un golpe militar, Amnistía Internacional exhortaba ahora de manera vaga a que la "comunidad internacional" cumpliera la ley, sin señalar en particular a Trump, a pesar de que su gobierno era la fuente de los ataques contra Venezuela. Además, la tímida petición de Amnistía de que se respetara la ley se contradecía con su posición de que los Estados Unidos debían limitarse a "vigilar" el impacto de sus sanciones económicas ilícitas.

 

Resultaba exasperante presenciar cómo una entidad tan importante en materia de derechos humanos como Amnistía Internacional era totalmente incapaz de denunciar los graves abusos cometidos por el presidente estadounidense más transparentemente racista y cínico de los últimos tiempos.

 

 

Otro fraude eminente: la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos

El 20 de marzo de 2019, la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, hizo una declaración sobre Venezuela: "Aunque esta crisis económica y social generalizada y devastadora comenzó antes de la imposición de las primeras sanciones económicas en 2017, me preocupa que las recientes sanciones a las transferencias financieras relacionadas con la venta de petróleo venezolano dentro de los Estados Unidos puedan contribuir a agravar la crisis económica, con posibles repercusiones en los derechos básicos y el bienestar de las personas[49]."

 

De hacerse una lectura literal de sus palabras, incluso si las sanciones agravaran una crisis preexistente, sólo tendrían un "posible" impacto negativo en "los derechos básicos y el bienestar de las personas", lo cual es totalmente absurdo. El cobarde disparate de Bachelet contrastó fuertemente con la franqueza de Alfred De Zayas, investigador especial designado por las Naciones Unidas, quien tras visitar Venezuela en 2017[50] dijo que las sanciones impuestas por los Estados Unidos equivalían a una "guerra económica".

 

Según Bachelet, el gobierno de Maduro no "reconocía plenamente" la magnitud de la crisis económica, pero ella misma se había mostrado incapaz de reconocer el estrangulamiento económico de Venezuela por los Estados Unidos. Tampoco dijo una palabra sobre las repetidas amenazas militares lanzadas por los Estados Unidos. Por si fuera poco, si por un lado no disentía de los crímenes cometidos por los Estados Unidos, por el otro expresaba hipócritamente su preocupación por la disidencia dentro de Venezuela, donde Guaidó era libre de liderar una insurrección respaldada por los Estados Unidos contra el gobierno de Maduro.

 

En julio, Bachelet publicó otro informe en que afirmaba con menos timidez lo obvio sobre las devastadoras sanciones de los Estados Unidos, pero seguía sin poder o querer exigir que se levantaran las sanciones. Según el informe, "la economía de Venezuela, en particular su industria petrolera y sus sistemas de producción de alimentos, se encontraban ya en una situación de crisis antes de que se impusieran cualquier tipo de sanciones sectoriales[51]". Pero es precisamente eso lo que hace que las sanciones estadounidenses sean tan depravadas. Imaginemos a un abogado defensor que dijera: "Señor juez, demostraré que la víctima se encontraba ya en cuidados intensivos cuando mi cliente comenzó a agredirla[52]." Atacar a alguien que es vulnerable es mucho peor que atacar a alguien que no lo es. Ello se puso especialmente de manifiesto después de que Trump intensificara las sanciones estadounidenses en agosto de 2017. Pero en lugar de reconocer hecho tan obvio, el informe de Bachelet declaraba lo siguiente:

 

Sin embargo, las más recientes sanciones económicas están agravando aún más los efectos de la crisis económica y, por tanto, la situación humanitaria, dado que la mayor parte de los ingresos en divisas proceden de las exportaciones de petróleo, muchas de las cuales están vinculadas al mercado estadounidense. El gobierno ha aceptado autorizar gradualmente la asistencia humanitaria de las Naciones Unidas y otros actores. No obstante, el nivel de asistencia es mínimo en relación con la magnitud de la crisis y es urgente adoptar reformas económicas estructurales.

 

Luego de admitir que la política de los Estados Unidos estaba empeorando deliberadamente "la situación humanitaria", el informe exigía que el gobierno de Maduro compensara los daños mediante "reformas económicas", pero no que se levantaran las sanciones impuestas por los Estados Unidos, a pesar de que el objetivo de esas sanciones era, precisamente, hacer imposible toda recuperación económica.

 

Sólo dos meses antes, el 16 de mayo, en tono de aprobación, Rubio tuiteó que Maduro "no podía acceder a fondos que le permitieran reconstruir la red eléctrica o PDVSA”[53]. En marzo y abril, Venezuela se vio afectada por apagones eléctricos inusualmente graves. Maduro afirmó (de forma plausible) que los apagones habían sido causados por sabotajes perpetrados por la oposición valiéndose de francotiradores y ciberataques. Pero aún en el caso de que esa afirmación resultara ser falsa, el hecho mucho más importante que Rubio reconocía —y celebraba— era el vínculo obvio entre las sanciones estadounidenses y la capacidad reducida del gobierno de Maduro para proporcionar servicios esenciales a todos los venezolanos[54]. ¿Podría Bachelet haber pasado por alto lo absolutamente viles que eran los objetivos de los Estados Unidos, especialmente después de que una figura de alto perfil como Rubio los hubiera explicitado?

 

En agosto de 2019, Trump intensificó las sanciones una vez más al imponer una prohibición general sobre cualquier negociación con el gobierno de Maduro. Ello básicamente significaba el establecimiento de un embargo comercial total[55].

 

En una entrevista concedida en diciembre a Anya Parampil, del sitio web de investigación Grayzone, Rodríguez, el prominente economista contrario a Maduro, describió cómo los legisladores de la oposición habían bloqueado una ley que habría autorizado al Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo a adquirir piezas para reparar la red eléctrica de Venezuela, piezas que el gobierno de Maduro no podría conseguir por sí solo debido a las sanciones. "Los grupos más intransigentes, en particular Voluntad Popular (el partido de Guaidó en ese momento) y Primero Justicia, decidieron bloquear la ley—afirmó Rodríguez—. Públicamente no han dejado claro su razonamiento, pero todo el mundo sabe que se basa en la creencia de que todo lo que mejore la vida de los venezolanos es darle oxígeno al régimen de Maduro[56]." Efectivamente. Y una conclusión de ese tipo debería haber sido expresada por Bachelet cuando hasta un venezolano opuesto a Nicolás Maduro como Francisco Rodríguez podía hacerlo.

 

 

Surgen problemas mientras se prolonga el intento de golpe de Estado

 

A finales de 2019, cuatro gobiernos de países del hemisferio occidental respaldados por los Estados Unidos —Chile, el Ecuador, Haití y Colombia— fueron sacudidos por protestas masivas contra las políticas económicas neoliberales. Los disturbios fueron recibidos con respuestas mortíferas por parte de las fuerzas de seguridad. Los "buenos" de la región según el relato del gobierno de los EE.UU. se revelaban, conspicuamente, como "malos". El gobierno estadounidense, el secretario general de la Organización de Estados Americanos, Luis Almagro, Guaidó y otros dirigentes de la oposición venezolana respondieron acusando a Cuba y a Venezuela de haber provocado los disturbios[57]. Se alegó que Maduro, sin dinero y supuestamente al borde del colapso, estaba desestabilizando con éxito a varios gobiernos apoyados por los Estados Unidos. Maduro se mofó de las acusaciones[58]. Las protestas socavaron la idea de que rendirse a Washington allanaba el camino hacia la paz y la prosperidad: los chavistas podían ahora poner el dedo en el malestar masivo que estaba teniendo lugar en países de la region cuyo gobierno contaba con el apoyo de los Estados Unidos.

 

Los grandes medios de comunicación desviaron la atención del público hacia los manifestantes pro-estadounidenses en Hong Kong. En un artículo para FAIR, Alan Macleod demostró que las protestas de Hong Kong habían recibido unas diez veces más cobertura de The New York Times y la CNN que las protestas en el Ecuador, Chile y Haití juntas. Esto es especialmente llamativo si se tiene en cuenta que en el Ecuador, Chile y Haití murieron setenta y seis manifestantes, mientras que en Hong Kong las protestas provocaron solamente dos muertos[59].

 

El golpe militar secundado por los Estados Unidos en Bolivia en noviembre de 2019 también expuso la hipocresía de la oposición venezolana y sus animadores. A finales de 2019, Guaidó, quien había aplaudido el golpe, se pavoneaba por Caracas pretendiendo desafiar a una "dictadura", mientras que Evo Morales, quien había ganado las elecciones presidenciales de Bolivia en octubre, se encontraba bajo la amenaza de una verdadera dictadura si se atrevía a regresar del exilio[60]. Pero, a pesar de su notable libertad para actuar en Venezuela, la insurrección de Guaidó se vio cada vez más minada por escándalos de corrupción, riñas intestinas y embarazosos fracasos.

 

El 30 de abril de 2019, Guaidó anunció un levantamiento militar mientras se encontraba frente a una base de la fuerza aérea en el rico sector este de Caracas. En cuestión de horas, la sublevación quedó desenmascarada como la farsa que había sido. Trump no pudo sino quejarse públicamente de que Cuba había frustrado la sublevación[61]. Cinco semanas más tarde, el 6 de junio, The Washington Post anunció que había adquirido una grabación en la que Pompeo, tal vez tratando de echarles a otros la culpa por el fracaso de los Estados Unidos en sus intentos de derrocar a Maduro, ventilaba su frustración por lo difícil que era mantener unida a la oposición venezolana[62]. Tiempo después, el 14 de junio, un medio de comunicación del sector más intransigente de la oposición, PanAmPost, informó de que los representantes de Guaidó habían robado fondos que se suponía eran para prestar ayuda a recientes desertores del ejército venezolano que vivían en Colombia[63]. El tono del artículo era desinhibidamente airado y sarcástico. Se burlaba de las promesas de Guaidó de tratar a los militares desertores como heroes, diciendo: "Adivina. Los héroes no pasan hambre." Pero también decía que muchos de los desertores se gastaban el dinero en alcohol y trabajadoras sexuales y que "no habían causado una buena impresión" en Colombia. Al día siguiente, Reuters transmitió lo esencial de la historia con muchos menos detalles y en tono objetivo[64].

 

En septiembre, salieron a la luz fotografías (y más tarde, un vídeo) de Guaidó posando sonriente ante las cámaras junto a miembros armados de los paramilitares narcotraficantes colombianos conocidos como Los Rastrojos en los días de la maniobra de la ayuda. Reuters informó de que Guaidó había negado saber quiénes eran los hombres, pero no mencionó que uno de los miembros de Los Rastrojos que había posado con Guaidó llevaba una pistola. ¿No habría tenido el equipo de seguridad de Guaidó que conocer y confiar en un individuo armado para dejar que se acercase tanto? ¿Era el individuo realmente parte del equipo de seguridad de Guaidó durante la maniobra de la ayuda?

 

A principios de diciembre, otro medio de comunicación favorable a la oposición, Armando, publicó nuevas acusaciones que perjudicaban a Guaidó[65]. Nueve legisladores de la oposición fueron acusados de recibir sobornos a cambio de ayudar a un empresario colombiano a evadir las sanciones de los Estados Unidos. Guaidó dijo que no toleraría la corrupción. Pero uno de los legisladores acusados, José Brito, contraatacó diciendo que el propio Guaidó era corrupto y que personas cercanas a Guaidó habían comprado un club nocturno en Madrid con fondos ilícitamente adquiridos.

 

El careo público entre Guaidó y Brito se produjo en el mismo momento en que Humberto Calderón Berti, a quien hacía poco tiempo Guaidó había despedido como su representante en Colombia, concedió una larga entrevista a PanAmPost en la que describía a Guaidó como rodeado de gente "tóxica". Calderón señaló a Leopoldo López como una mala influencia[66].

 

Sorprendentemente, comenzaron a aparecer fuertes ataques contra Guaidó en algunos medios de la gran prensa estadounidense. Varias figuras de la oposición venezolana que se encontraban en los Estados Unidos, y que se habían agriado con Guaidó a medida que se prolongaba el intento de golpe, parecían haberse movilizado para convertirlo en el chivo expiatorio y quizás posicionarse para reemplazarlo. Así parecía insinuarlo, por ejemplo, el titular de un artículo publicado el 4 de diciembre de 2019 en The Miami Herald: "Encuesta revela que Guaidó está perdiendo popularidad y ha descendido a los mismos niveles que Maduro." Un día antes, un titular de Reuters afirmaba que Guaidó había visto pasar su momento: “El escándalo de corrupción de la oposición socava a Guaidó en Venezuela[67]".

 

Al finalizar el año 2019, parecía haber una posibilidad de que Guaidó no fuera reelegido como presidente de la Asamblea Nacional para 2020[68]. De hecho, el 5 de enero, diputados progubernamentales votaron junto con legisladores de la oposición para elegir a Luis Parra como nuevo presidente de la Asamblea Nacional[69]. Los aliados de Guaidó impugnaron los resultados de la votación y se mantuvieron firmess en la sede de El Nacional, periódico hostil a Maduro[70]. Huelga decir que alegaron que Guaidó había sido reelecto. Lo que es más importante, los Estados Unidos continuaron respaldando a Guaidó e intensificando todavía más las sanciones.

 

 

2020: Los crímenes de lesa humanidad cometidos por los Estados Unidos se hacen cada vez más flagrantes

Mientras el mundo se tambaleaba por la pandemia de COVID-19, Nicolás Maduro solicitó préstamos de emergencia que el Fondo Monetario Internacional (FMI) estaba en esos momentos poniendo a disposición de los países miembros. El FMI rechazó rápidamente la solicitud de Maduro, alegando que no estaba claro si su gobierno era reconocido por los Estados Miembros de las Naciones Unidas. Se trataba de una excusa absurda: en 2002, el FMI, tradicionalmente dominado por el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos, había ofrecido inmediatamente préstamos a la dictadura de Pedro Carmona tras el derrocamiento de Hugo Chávez por un golpe de Estado. Esa dictadura, en el poder durante sólo dos días, no fue reconocida por casi ningún gobierno, salvo el de los Estados Unidos. La excusa del FMI para rechazar la solicitud de Maduro en 2020 era, además, ridícula, pues en octubre de 2019 la mayoría de los Estados Miembros de las Naciones Unidas habían elegido a Venezuela como miembro del Consejo de Derechos Humanos de esa organización  —a pesar del intenso cabildeo de los Estados Unidos para evitarlo[71]. Sin embargo, el consejo editorial de The Washington Post arremetió contra Maduro por su solicitud, quejándose de que Maduro "debía de haber sabido" que el préstamo "sería rechazado". Lo cual, en efecto, era previsible, gracias al mismo gobierno de los Estados Unidos que había hecho todo un espectáculo de su exigencia de que Maduro aceptara la "ayuda"[72].

 

En marzo de 2020, los Estados Unidos comenzaron a imponer sanciones a toda empresa que comerciara con Venezuela[73]. También anunciaron, como en una película del oeste, una recompensa por la cabeza de Maduro y otros funcionarios, basándose en acusaciones de narcotráfico que eran a todas luces de naturaleza política y, en algunos casos, totalmente descabelladas. Por ejemplo, se alegó que el gobierno de Maduro tenía la intención de "inundar" con cocaína a los Estados Unidos[74]. Semejante alegación, por muy desquiciada que fuera, estaba en consonancia con la "emergencia nacional" declarada oficialmente por los Estados Unidos, en virtud de la cual Venezuela constituía una "amenaza extraordinaria" para los Estados Unidos: un claro ejemplo del agresor que exige que le otorgue la condición de víctima.

 

Bachelet había dicho en marzo que, debido a la pandemia de COVID-19, las "sanciones sectoriales" deberían "suavizarse o suspenderse". Añadió con benevolencia que las personas de los países objeto de las sanciones estadounidenses (sin por ello señalar explícitamente a los Estados Unidos) "no eran en absoluto responsables de las políticas contra las que las sanciones estaban dirigidas", como si las preocupaciones declaradas por Washington sobre la democracia, los derechos humanos y la "seguridad nacional" de los Estados Unidos fueran las razones por las que se atacara a países como Venezuela[75].

 

Recordemos que Francisco Rodríguez, el economista venezolano opuesto a Maduro había proyectado un retorno al crecimiento para Venezuela en 2020. Por lo tanto, las nuevas sanciones y amenazas por parte de los Estados Unidos respondían a una lógica diáfana y salvaje, la de asegurar que no se produjera una recuperación económica después de años de crisis. La escasez de combustible comenzó a asolar a Venezuela en mayo, cuando algunas de las refinerías más importantes dejaron de producir. Ese mes, una incursión de mercenarios estadounidenses que habían sido contratados por Guaidó y sus aliados fue fácilmente sofocada por los militares venezolanos (con ayuda de pescadores armados). El Secretario de Estado, Mike Pompeo, negó toda participación "directa" de los Estados Unidos[76]. De hecho, la participación "indirecta" de los Estados Unidos era obvia para cualquiera que hubiese seguido de cerca la política de los Estados Unidos hacia Venezuela durante los últimos veinte años, en particular durante la presidencia de Trump, pero no dejaba de resultar llamativo que Pompeo no haya emitido sino una negación matizada acerca de la incursión. El 23 de mayo comenzaron a llegar a Venezuela petroleros iraníes cargados de gasolina desesperadamente en falta. El Irán se ha quejado oficialmente ante las Naciones Unidas por las amenazas de los Estados Unidos contra los petroleros[77]. Bernie Sanders, presuntamente la figura más progresista del partido demócrata, no tuiteó nada al respecto. No hacía sino un año que había tuiteado su exigencia de que Maduro aceptara la ayuda. Ahora guardaba silencio mientras Trump intentaba abiertamente bloquear la llegada de combustible a Venezuela. Los demócratas en el Congreso eran inútiles como oposición —realidad que quedó clara en el capítulo sobre Venezuela de The Room Where It Happened, las memorias que Bolton publicó en junio. En el libro, la persona que Bolton describe como la más grave de sus preocupaciones por su capacidad para ponerle freno a sus planes en relación con Venezuela, es Steven Mnuchin, Secretario del Tesoro de Trump. No es de sorprender, por tanto, que Bolton apenas haya mencionado a los demócratas[78]. De hecho, Joe Biden, una vez asegurada la nominación presidencial por el Partido Demócrata, dejó claro que su agresividad hacia Venezuela no sería segunda de la de Trump[79].

 

A medida que el año 2020 llegaba a su fin, los Estados Unidos parecían no estar dispuestos a declarar a corto plazo el fin de la era Guaidó —el larguísimo intento de derrocar a Maduro por medio de amenazas, llamamientos a los militares venezolanos para que perpetraran un golpe de Estado y, lo peor de todo, la constante escalada de la guerra económica. La falta de oposición a ese prolongado intento de golpe donde sería más eficaz —en los gobiernos occidentales, los medios de comunicación y prominentes organizaciones no gubernamentales— ha resultado letal. El imperio centrado en Washington es una amenaza extraordinaria para el mundo.

 

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Notas

[1] Según estimaciones de Torino Capital, el producto interno bruto de Venezuela fue de 116.000 millones de dólares en 2018. El Fondo Monetario Internacional lo estimó en 96.000 millones de dólares. Véase Fondo Monetario Internacional, "World Economic Outlook Databases", consultado el 23 de abril de 2021. Para el gasto regional en salud como proporción del producto interno bruto, véase Banco Mundial, "Current Health Expenditure (% of GDP)", consultado el 23 de abril de 2021.

[2] Los puntos rojos son quioscos instalados por el gobierno cerca de los centros de votación el día de las elecciones y se utilizan para hacer sondeos a pie de urna, al igual que lo ha hecho la oposición, salvo por lo diferente del color, en numerosas elecciones en los últimos veinte años.

[3] Francisco Rodríguez, "Crude Realities: Understanding Venezuela’s Economic Collapse", Venezuelan Politics and Human Rights (blog), Washington Office on Latin America, 20 de septiembre de 2018. Posteriormente, Rodríguez presentó sus datos en forma de cuadro para refutar las afirmaciones de que un gráfico que había presentado antes era engañoso. Véase Mark Weisbrot y Jeffrey Sachs, "Economists Use 'Fuzzy Graphs' to Challenge Data on the Human Cost of Trump Sanctions on Venezuela", CEPR, 6 de mayo de 2019.

[4] Debido a las sanciones impuestas por los Estados Unidos, PDVSA y CITGO rompieron sus vínculos en 2019. Véase Anya Parampil, "Blockbuster Oil Bribery Scandal Exposes Corrupt Double-Dealing of Guaidó 'Attorney General", Grayzone, 14 de julio de 2020.

[5] Marianna Parraga y Catherine Ngai, "Exclusive: Venezuela State Oil Firm's Credit Woes Spread to U.S. Unit Citgo", Reuters, 14 de septiembre de 2017.

[6] "Todos los bonos en divisa extranjera están nominados en dólares y todos se rigen por la ley del estado de Nueva York". Torino Capital, "Venezuela Red Book: Hard Landing", 9 de enero de 2018, 22.

[7] Véase Rodríguez, "Crude Realities".

[8] Lo cual es muy diferente de un gobierno que "pierda" ingresos en moneda local que es capaz de imprimir.

[9] Mark Weisbrot, "Trump’s Other ‘National Emrgency’: Sanctions That Kill Venezuelans", CEPR, 28 de febrero de 2019.

[10] Esta cifra procede de datos inéditos que Francisco Rodríguez, de Torino Capital, hubo de facilitarles a Mark Weisbrot y Jeffrey Sachs para su artículo. Mark Weisbrot y Jeffrey Sachs, "Economic Sanctions as Collective Punishment: The Case of Venezuela", CEPR, abril de 2019.

[11] Comunicación personal con Rodríguez el 26 de junio de 2019.

[12] Katrina Kozarek, "CLAP: Venezuela's Latest Food Distribution and Production Initiative", Venezuelanalysis, 22 de mayo de 2017.

[13] Joshua Goodman, "As Venezuelans Go Hungry, Trump Targets Food Corruption", Associated Press, 24 de septiembre de 2018.

[14] "Encovi: 7,3 millones de hogares se benefician de las cajas Clap", Versión Final, 3 de diciembre de 2018.

[15] Amy Goodman, "Allan Nairn: Trump’s Venezuela Envoy Elliott Abrams Is a War Criminal Who Has Abetted Genocide", Democracy Now!, 30 de enero de 2019.

[16] Joe Emersberger, "Francisco Rodríguez Answers Some Questions I Asked About Venezuela", Znet, 16 de diciembre de 2019.

[17] Oficina del Secretario de Prensa, "Fact Sheet: Venezuela Executive Order", Casa Blanca, 9 de marzo de 2015.

[18] Alan Gómez y Christal Hayes, "First Lawsuits Filed Against President Donald Trump's National Emergency Order", USAToday, 15 de febrero de 2019.

[19] Courtney Vinopal, "3 Legal Arguments That Could Challenge Trump’s National Emergency", PBS, 15 de febrero de 2019.

[20] Organización de Estados Americanos, Carta de la Organización de Estados Americanos (A-41), cap. XV, artículo 106 (Managua, Organización de Estados Americanos, 1993), disponible en oas.org.

[21] Naciones Unidas, Carta de las Naciones Unidas, cap. 1 (San Francisco, Naciones Unidas, 1945), disponible en un.org.

[22] Andrew Knoll, Patricia Torres y Steve Kenny, "Trump Alarms Venezuela with Talk of a 'Military Option", The New York Times, 12 de agosto de 2017; Scott Smith, "Trump: Venezuelan Socialist President Easily Toppled", US News and World Report, 25 de septiembre de 2018; "Tillerson Says Venezuelan Military May Turn on Maduro", BBC, 2 de febrero de 2018; Ben Norton, "VIDEO: CIA Director Mike Pompeo Hints U.S. Is Working with Mexico and Colombia to Push Regime Change in Venezuela," AlterNet, 26 de julio de 2017.

[23] John Bolton (@AmbJohn Bolton), búsqueda en Twitter de los términos Venezuela y ejército desde el 23 de enero de 2019, consultado el 23 de abril de 2021; John Bolton (@ AmbJohnBolton), mensaje de Twitter, 12 de marzo de 2019, 4:08 pm, consultado el 23 de abril de 2021.

[24] Hugh Hewitt, "National Security Adviser Ambassador John Bolton, Interview with Hugh Hewitt", Hugh Hewitt, 1 de febrero de 2019.

[25] Roberta Rampton, "Move Over Ayatollahs: Bolton Turns Tweets and Talons on Maduro", Reuters, 27 de febrero de 2019.

[26] Lesley Wroughton, "U.S. Envoy Warns Maduro That Actions Against Guaidó Would Be 'Foolish", Reuters, 30 de enero de 2019.

[27] Paul Dobson, "Guaidó Sets Date for Attempted Aid Entry as UN Reiterates Call for Dialogue", Venezuelanalysis, 13 de febrero de 2019.

[28] Ricardo Vaz, "Venezuela Aid Organizers Imagine a ‘River of People’ Overwhelming Maduro’s Blockade", Venezuelanalysis, 28 de enero de 2019.

[29] "U.S. warns against new Gaza flotilla plans", Reuters, 24 de junio de 2011.

[30] Jim Wyss, "Venezuela Aid Organizers Imagine a 'River of People' Overwhelming Maduro's Blockade", The Miami Herald, 8 de febrero de 2019.

[31] Wyss, "Venezuela Aid Organizers Imagine a 'River of People' Overwhelming Maduro's Blockade".

[32] Stephanie Nebehay y Brian Ellsworth, "U.N. Approves $9 Million in Aid for Crisis-Stricken Venezuela", Reuters, 26 de noviembre de 2018; Paul Dobson, "Maduro Calls on UN to Help Break U.S. Led Blockade, Supply Medical Equipment", Venezuelanalysis, 14 de noviembre de 2019.

[33] Nebehay y Ellsworth, "U.N. Approves $9 Million in Aid for Crisis-Strictive Panic in Venezuela".

[34] Matt Spetalnick y Luc Cohen "U.S. Looking for Ways to Get Aid int Venezuela: Envoy", Reuters, 14 de febrero de 2019. Durante la maniobra de la ayuda, Reuters publicó otros artículos con titulares igualmente engañosos, como "Brasil tiene 200 toneladas de ayuda para Venezuela, los camiones no pueden cruzar la frontera", '"Asqueante" que Maduro cierre las fronteras a la ayuda, dice el Reino Unido".

[35] "How a Bridge between Colombia and Venezuela Became Part of a Propaganda Fight", CBC, 15 de febrero de 2019.

[36] "Fight Over Food Aid a High-Stakes Battle in Venezuela as Hunger Hits Hard," CBC, 8 de febrero de 2019.

[37] Joe Emersberger, "Venezuela Gets Foreign Aid with Maduro’s Consent. Canadian State Media Is ‘Comfortable’ Denying It", The Canary, 19 de febrero de 2019.

[38] Kevin Gosztola (@kgosztola), post de Twitter, 2 de febrero de 2019, 7 pm, consultado el 23 de abril de 2021; Associated Press, “Aide Says U.S. Planes Carried Contra Arms”, The New York Times, 15 de agosto de 1987.

[39] David Edwards y David Cromwell, "Outrageous Omissions-How the Press Has Buried the Truth of Iraqi Disarmament", Media Lens, 28 de febrero de 2003; David Edwards y David Cromwell, "Blair's Betrayal Part 1-The Newsnight Debate-Dismantling the Case for War", Media Lens, 10 de febrero de 2003; David Edwards y David Cromwell, "It Wasn't Just Blair; the Media Also Duped Us", New Statesman.

[40] John Bolton (@AmbJohnBolton), mensaje de Twitter, 19 de febrero de 2019, 9:14 pm, consultado el 23 de abril de 2021.

[41] Marco Rubio (@marcorubio), mensaje de Twitter, 20 de febrero de 2019, 9:37 pm, consultado el 23 de abril de 2021.

[42] Marco Rubio (@marcorubio), mensaje en Twitter, 24 de febrero de 2019, consultado el 23 de abril de 2021.

[43] Glenn Greenwald, "NYT's Expose on the Lies About Burning Aid Trucks in Venezuela Shows How U.S. Government and Media Spread Pro-War Propaganda", Intercept, 10 de marzo de 2019.

[44] " Venezuela: Hunger, Punishment and Fear, the Formula for Repression Used by Authorities under Nicolás Maduro", Amnistía Internacional, 20 de febrero de 2019.

[45] George Cicariello-Mahe, " Collective Panic in Venezuela " Jacobin, 18 de junio de 2014

[46] Joe Emersberger, "Amnesty International Replied to Questions About Venezuela", Znet, 24 de febrero de 2018.

[47] " Amnesty International Should Oppose U.S. Economic Sanctions and Incitement of a Military Coup in Venezuela", Mint Press News, 26 de enero de 2019.

[48] Joe Emersberger, "Amnesty International Modifies Its Position on U.S. Sanctions and Threats Against Venezuela", Znet, 8 de febrero de 2019.

[49] Michelle Bachelet, "Declaración de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet", 40º período de sesiones del Consejo de Derechos Humanos, 20 de marzo de 2019, disponible en ohchr.org.

[50] Alfred de Zayas, "UN Human Rights Expert: Statement on Venezuela & Ecuador", Venezuelanalysis, 13 de diciembre de 2017.

[51] Consejo de Derechos Humanos, Report of the United Nations High Commissioner for Human Rights on the Situation of Human Rights in the Bolivarian Republic of Venezuela (Ginebra, Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, 41º período de sesiones, 2019).

[52] La analogía (que era una versión modificada de una utilizada por Caitlin Johnstone) aparece en un artículo de Joe Emersberger para FAIR. Caitlin Johnstone (@ caitoz), mensaje de Twitter, 25 de abril de 2019, 9:19 pm, consultado el 23 de abril de 2021; Joe Emersberger, "Study Linking U.S. Sanctions to Venezuelan Deaths Buried by Reuters for Over a Month", FAIR, 14 de junio de 2019.

[53] Marco Rubio (@marcorubio), mensaje de Twitter, 16 de mayo de 2019, 4:05 pm, consultado el 23 de abril de 2021.

[54] Paul Dobson, "Venezuelan Government Announces Arrests over Electrical Blackouts", Venezuelanalysis, 24 de abril de 2019.

[55] Lucas Koerner y Ricardo Vaz, "Washington Escalates Venezuela Sanctions into Full-Fledged Embargo", Venezuelanalysis, 6 de agosto de 2019.

[56] Anya Parampil, "U. S. Sanctions ‘Carpet Bombed Venezuela’s Economy’: Opposition Advisor & Economist Francisco Rodríguez Interviewed by Anya Parampil", Reddit, 21 de diciembre de 2019.

[57] Lisa Lambert y Daphne Psaledakis, “Pompeo Says U.S. Will Help Prevent Latin American Protests Becoming Riots”, Reuters, 2 de diciembre de 2019; AFP, "Almagro denuncia 'patrón' de desestabilización de Venezuela y Cuba en la región", Voz de América, 25 de octubre de 2019; Juan Guaidó (@jGuaidó), mensaje de Twitter, 7 de octubre de 2019, 10:36 pm; Julio Borges (@JulioBorges), mensaje de Twitter, 19 de octubre de 2019, 12:17 pm; "Juan Guaidó: 'Nicolás Maduro financia las protestas y el vandalismo en los países latinoamericanos para desestabilizar la región’”, InfoBase, 22 de octubre de 2019.

[58] "Maduro se burla de Lenin Moreno por culparlo de las protestas en Ecuador", El Periódico, 9 de octubre de 2019.

[59] Alan Macleod, "With People in the Streets Worldwide, Media Focus Uniquely on Hong Kong", FAIR, 6 de diciembre de 2019.

[60] Daniel Ramos, "Bolivia’s Interim Government Charges Morales with Sedition and Terrorism ", Reuters, 22 de noviembre de 2019.

[61] Jorge Martín, "Venezuela: Guaidó’s Botched Coup—What Does it Mean and What’s Next?", Venezuelanalysis, 2 de mayo de 2019.

[62] Paul Dobson, "Venezuela: Pompeo Exposes Frustration Over Opposition Divisions as China, Russia Call for Non-Interference", Venezuelanalysis, 6 de junio de 2019.

[63] Orlando Avendaño, "Enviados de Guaidó se apropian de fondos para ayuda humanitaria en Colombia", PanAmPost, 14 de junio de 2019.

[64] "Venezuela’s Guaidó Calls for Probe into Funds for Military Defectors", Reuters, 16 de junio de 2019.

[65] Lucas Koerner y Ricardo Vaz, "Venezuela: Guaidó Embattled as Opposition Splits over New Corruption Scandal", Venezuelanalysis, 5 de diciembre de 2019.

[66] Orlando Avendaño, "Calderón Berti: ‘Nuestros grandes errores han sido responsabilidad de Leopoldo López’", PanAm Post, 3 de diciembre de 2019.

[67] Jim Wyss, "Poll Shows Venezuela's Guaidó Is Losing Popularity and Has Sunk to Maduro Level", The Miami Herald, 4 de diciembre de 2019; Angus Berwick y Mariela Nava, '"Missed His Moment Opposition Corruption Scandal Undermines Venezuela's Guaidó", Reuters, 3 de diciembre de 2019.

[68] Véase también Anya Parampil, "The CITGO Conspiracy : Opposition Figures Accuse Guaidó Officials of 'Scam' to Liquidate Venezuela's Most Prized International Asset", Grayzone, 3 de septiembre de 2019.

[69] Joe Emersberger, "Remembering the Venezuelan National Assembly Vote Lost by Guaidó in January 2019", Znet, 11 de julio de 2020.

[70] Lucas Koerner y Ricardo Vaz, "Venezuela: Guaidó Replaced as Parliament Head in Disputed Vote", Venezuelanalysis, 5 de enero de 2020.

[71] Joe Emersberger, "Media Struggle to Defend Washington's Cruelty Toward Venezuela and Iran as Coronavirus Spreads", FAIR, 25 de marzo de 2020 .

[72] "Why the Spread of COVID -19 in Venezuela Is a Particularly Frightening Prospect", The Washington Post, 20 de marzo de 2020.

[73] "Treasury Targets Additional Russian Oil Brokerage Firm for Continued Support of Maduro Regime", Departamento del Tesoro de los Estados Unidos, 12 de marzo de 2020.

[74] Lucas Koerner y Ricardo Vaz, "Corporate Media Cover for U.S. Mob Threats Against Venezuela", FAIR, 15 de abril de 2020 .

[75] "Bachelet pide que se suavicen las sanciones para que los sistemas médicos puedan luchar contra la COVID-19 y limitar el contagio mundial", Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos de las Naciones Unidas, 24 de marzo de 2020. 

[76] Ricardo Vaz y Lucas Koerner, "US Investigating Ex-Green Beret, Denies 'Direct' Involvement in Failed Venezuela Coup", Venezuelanalysis, 7 de mayo de 2020.

[77] Lucas Koerner, " Trump Claims to Have Venezuela ‘Surrounded’ as Iranian Tankers Approach", Venezuelanalyses, 21 de mayo de 2020; "Iran Complains to U.N., Summons Envoy over U.S. Threat on Venezuela Shipment", Reuters, 17 de mayo de 2020 .

[78] Joe Emersberger (@rosendo_joe), mensaje de Twitter, 18 de junio de 2020, 11:34 pm, consultado el 23 de abril de 2021.

[79] Leonardo Flores, "Biden's Vision for Venezuela Is Virtually Indistinguishable from Trump's", Grayzone, 9 de julio de 2020.