Variations & Klavierexerzitien: Exercises in (re)Translation

 

El peso del mundo* Handke-Manheim 

 

(Traducido del inglés por Humberto T. Fernández) © Sobre la presente traducción: Humberto T. Fernández

I

 

1975

 

Noviembre

Conocí a alguien que estaba tan enamorado de sus propios pensamientos que éstos le provocaban lágrimas

Me he sentido satisfecho conmigo mismo cada vez que he conseguido ser lacónico

—Estás frustrado. —¿Por qué habría de estar frustrado? Tengo varios libros sobre mi mesa de noche y la esperanza de leerlos todos

El deseo de un niño—vivir en una isla

Una mujer, fuerte en su soledad

El entrevistador le dijo al "hombre solitario": —¡Hábleme de la soledad!—. No hubo respuesta

 

1976

Febrero

Como si el dolor no tuviera pasado

Todo escritor—o cualquiera—que haya resuelto el problema de estar solo habrá dejado de interesarme

 

Marzo

El miedo a la muerte le acorta las piernas

Envejecer sin que el tiempo pase

Puse un cartel a la entrada de la casa con la advertencia: "¡Cuidado! ¡Hombre leyendo!”

¡Cuántas cosas todavía me intimidaban diez años atrás! La poesía concreta, Andy Warhol, Marx, Freud, el estructuralismo Ahora que todas esas Universal Pictures se han desvanecido y nadie debería sentirse oprimido sino por el peso del mundo

¡Si pudiera desembarazarme del odio y la rabia que los sonidos me inspiran! Pienso en los sonidos de mi infancia que me rajaban en dos la cabeza, los sonidos que mi padre hacía cuando bebía de un trago su alcohol, su manera de relamerse los labios; el chasquido sordo de sus dientes cuando tragaba sopa, su tos de fumador en el baño en las mañanas frías y húmedas; o la perpetua tos seca de nuestro vecino, las amenazas de los hijos de este de darle una paliza si no paraba (todavía tiene la misma tos)—todos los sonidos, los chillones estornudos de mi madre que se podían oír al otro lado del pueblo, el estornudo afectado de gatica de una tía (en comparación con el cual mi madre se enorgullecía del suyo), la manera que tenía mi abuelo de respirar cuando jugaba a las cartas, la rascazón universal, el click-click-click del corte de uñas en la sala, el eructo omnipresente, el hipo de mi madre (tan frecuente que la hacía llorar), la manera en que mi padre mezclaba los dialectos de Berlín y Carintia (mi aversión a los dialectos), su voz en general, sin énfasis, sin convicción, una voz cobarde, por así decir, en todas las situaciones posibles (o esa era la impresión que me causaba en mi odio), aun cuando gritara y chillara en su borrachera, el gluglú de la hedionda bebida  cuando era servida en los vasos o directamente tragada, sin que ni siquiera fuese necesario tragársela, la respiración pesada de las viejas sentadas a la mesa—Ya sé, ya  sé, todo tiene una explicación—pero aun así, hay noches en las que explotaría de rabia, en las que gritaría y golpearía mi cabeza contra la pared; por ejemplo, cuando mi propia hija se traga la saliva mientras duerme: miseria

A veces, en los silentes soliloquios, me hablo retóricamente a mí mismo

Una idea extraña me asaltó en la cocina mientras desenvolvía una barrita de olorosa mantequilla blanca y la olía, y pelaba los primeros diminutos rábanos de la temporada, que también me llevaba a la nariz: la idea de que con semejantes gestos conjuramos los olores de nuestra niñez, a pesar de que esas cosas no habrían estado nunca tan cerca de nuestro olfato; ahora tenemos que acercarlas a nuestros rostros si queremos oler y sentir algo que en nuestra infancia nos permeaba sin necesidad de levantarlas. ¿Se habrán debilitado los olores? (Eso también, sin duda.) ¿O será nuestro sentido del olfato? (Eso también, sin duda.) —En cualquier caso, lo que en aquel entonces experimentábamos tal como se nos presentaba, ahora tenemos que acercárnoslo, a propósito, intencionalmente, deliberadamente,  (en realidad me proponía escribir algo diferente, mi idea en la cocina era más complicada; lo esencial no eran las explicaciones—las cosas no son tan olorosas, nuestro sentido del olfato se ha deteriorado—pero la idea súbita de que en la infancia todo estaba en su lugar y aun así lo percibía, mientras que ahora tengo que mover tantas cosas de su lugar, desplazarlas, ser lastimado por ellas, para percibirlas.

Describir un día exitoso

Ruinas de la memoria: Trato de recordar los detalles de lugares, casas, rostros y todo lo que veo es ruina

Mi equilibrio entre locura y filisteísmo

Anhelar un río

Sobre Austria: Nunca identifico con el país a la gente que más quiero en ese lugar

El ser humano como un manojo de pelo que ondula en una ambulancia

No soy temperamental, lo cual sería un vicio atractivo, sino que carezco de autocontrol

Memorias de un almuerzo con amigos [...]

Mi grandeza: estar solo

Cuando está airada, habla como una metralleta

Mi aversión al desorden creado por otros en mis entornos habituales [...]

"Si no puedo ayudarme a mí mismo, nadie podrá ayudarme"

La certeza de que si me comporto de manera realmente amigable nada podrá sucederme

Si alguien me preguntara quién soy, le enseñaré mi pasaporte

El problema con la buena literatura es que cualquier imbécil puede identificarse con ella

Pasión sin lujuria; lujuria sin pasión; dejar que la pasión crezca tanto que desaparezca toda lujuria; pasión: felicidad; lujuria: infelicidad; la lujuria sin pasión conduce a una fea timidez; pasión sin lujuria: libertad que infecta hasta al lujurioso

Un hombre y una mujer sentados en la oscuridad, apartando la cabeza uno del otro, volviendo la cabeza hacia el otro, apartándola uno del otro

Dos personas en silencio una al lado de la otra en la calle, como si se hubieran peleado de una vez por todas

Dijo furiosamente: —¡No hablamos el mismo idioma! (Al menos había entendido lo que estaba tratando de decirle)

Lo peor del dolor es que el mundo que nos rodea se vuelve tan irreal que ya dejas de poder evitarlo

Una vez que alguien me visitó y pasamos toda la noche tristemente sentados, cada uno ensimismado, el silencio carecía a tal punto de vida que imaginé que este haría que mi huésped pensara en lo mal que debo sentirme cuando estoy solo; de hecho, en realidad, cuando estoy solo en mi apartamento, el silencio es un silencio pleno y vivo, que vibra con mis pensamientos

El ruido de la ciudad, y en medio de ello, apenas perceptible, los pájaros conversan en los árboles, un gallo canta, un mazo de hierba seca cruje (el universo de la ciudad)

Respondo a un comentario estúpido e insolente levantando lentamente la cabeza

Acostado en mi cama con mi miedo a la muerte, trato de refugiarme en fantasías sexuales

El truco (empleado frecuentemente por las mujeres) de convertir a un hombre en niño o, al menos, de sacarle el niño que tiene dentro

Evado el mal con mi cuerpo, a pesar de que vino de mi cuerpo

En mi miedo a la muerte, le rogué que se quedara, pero olió muerte y huyó

¡Si este ensordecedor miedo a la muerte se convirtiera en un silencioso dolor corporal, como era el caso apenas hace un momento! (No puedo escucharme más)

He notado que en mi miedo mortal, levanto las manos y estiro el trasero como si fuera homosexual

Y entonces fregué toda la vajilla, de modo que no quedara nada sucio (Escribo sobre mí mismo en pasado)

Quizás este miedo mortal [...] esté ahí para que aprenda a controlarlo

En los peores momentos, me entraba el deseo de comprar periódicos, para pretender que estaba vivía un día normal

[...] (anotar todas las cosas inmediatamente—para saber lo que me calma)

Miedo a la muerte: dejas de sentir lo que ves, porque pierdes el sentido del humor

Asesinado por la realidad ortodoxa

¿Qué hago en los momentos de pánico? Levanto la mano y me arreglo los espejuelos

Una hora inmovilizado por el miedo

Cierro los ojos, pero el miedo los abre

Convencido de que debo olvidar completamente el pasado si quiero recuperarme de este dolor en el pecho: ¡Tengo que perder la memoria! En oposición a la acogedora conciencia burguesa con su amor por la memoria y la visión recordada de sí mismo (la batalla contra la memoria que me persigue desde la infancia: ¡la memoria me amenaza de muerte!)

Felicidad: Todavía puedo estira la mano y levantar un libro

Una vez más: tengo que perder la memoria. Tengo que perder la memoria y convertirme en la memoria de otros

Leyendo los Diarios de Kafka me doy cuenta de que ya no me interesan sus quejas y auto-recriminaciones, sino solo sus descripciones

Leyendo a Kafka: no necesito recordar las palabras que usó (puedes olvidarlas enseguida, eso es lo bueno que tienen); seguirán presentes de todas formas, aun si las olvidaras

La idea de la muerte: una enorme manzana que sostienes por el tallo, la sostienes en el inmóvil por mucho tiempo, hasta que descubres su peso

Una manera de calmarme: escribir letras o números de manera tal que los sentimientos y la mano sean lo mismo (los sentimientos no deben adelantarse a la mano que escribe)

La pregunta solía ser: ¿Cómo debo vivir? Ahora es: ¿Cómo debo pensar? Pero con la misma intensidad retórica

En conocimiento me siento más débil que otros escritores (por ejemplo, Hesse); en penetración poética del mundo, más fuerte

El viejo me preguntó: —Esos libros que escribe, ¿los saca de la vida o los saca del aire? —Ambas cosas—respondo

El hecho es que cuando me gusto a mí mismo (me apruebo a mí mismo, tengo una idea de mí mismo) se me ocurren ideas tontas acerca de mí mismo

Dejé vagar mis pensamientos hasta que pude sentirme

¡Nunca busques metáforas! (Tienen que ser experimentadas)

El miedo a la muerte se había convertido en aceptación de la muerte

Curioso como los enfermos pierden todos los rasgos nacionales

La elegancia como cualidad en una mujer más que como actitud —me gusta eso

El mundo se vuelve descriptible—al menos los sentimientos están conectados con los objetos (escritura épica)

De una reseña literaria: "Estamos ante algo más que una gran obra literaria." ¿Qué es más que una gran obra literaria?

Mientras veo un partido de fútbol en la televisión: nunca más permitiré que mi obsesión con la muerte me impida mirar las cosas buenas

II

¡Cuánto habría perdido de no haber visto ese comercial en la televisión! (Mi afecto por las imágenes de los comerciales, su omnipresencia, su imprudencia, su desprecio por la muerte, tan familiares)

Abril

 

Una larga estadía en el mismo lugar al parecer ayuda a formarse una visión antropomórfica—y esa visión antropomórfica del enfermo, o de los prisioneros, o de cualquier persona confinada en el mismo lugar por un largo período de tiempo, parece conformar otra realidad y, de ninguna manera (como Robbe-Grillet ha decretado), un cliché literario

 

Mi (para mi propio fastidio) facultad de "calar" a la gente—de ahí mi frecuente apatía cuando estoy acompañado

(como en Indian Summer, la paciencia que se necesita para leer no nos es dada, sino que se adquiere a través de la práctica de la lectura)

 

Aquí en el hospital por algún tiempo no fui otra cosa que "mi condición", "mi situación", "mis circunstancias"

 

"Afuera", en la ciudad, descubro quién soy, en quién me he convertido

 

Hoy me senté para volver a ponerme en sintonía con el mundo (normalmente hago esto caminando)

 

Elegancia: saber quitarse del medio

 

Extraño: Se me hizo insoportable seguir entre la gente joven, exuberante, ligera, alegre en el boulevard—Me siento mucho más feliz aquí en el parque entre la gente más vieja, más cansada, entre las mujeres sentadas en sus viejas sillas, con sus perros caniches, los niños

 

Me puedo ver escribiendo así para siempre, hasta alcanzar el centro del mundo

 

Según G., cada vez que ha sentido el miedo a la muerte lo ha hecho sólo por algunos segundos; que no podría soportarlo por más tiempo

 

Una vez que la sensación de horror ha pasado—pienso que estoy exagerando, o que exageré

 

Sentarse después de un largo paseo: el placer de ver a las mujeres que pasan

 

Cosas que noto: cosas para llevar a casa conmigo

 

Algunas veces, después de un contratiempo tras otro, hablo conmigo mismo (eso ayuda)

 

Y luego otra vez el pensamiento de que todo lo que pienso y siento es irrelevante

 

Quizás en el último minuto de vida, por dignidad, clavaré mis rodillas en mi vientre como los habitantes de Pompeya cuando la erupción del Vesubio

 

Ese escozor que siento frente a la sociedad, como si tuviese sarna

 

Mirando al espacio, buscando algo que me sostenga firmemente

 

Cuando comenzaron a hacer chistes, me di cuenta de que apenas conocía ninguno; estaba encantado

 

Después de comenzar a beber, sentí curiosidad (sin que hubiese querido saber nada en particular)

 

Son más y más las personas que "están ocupadas" cuando las necesito (como asientos en un cine)

 

Ha comenzado a llover. Como si alguien estuviera tirando piedrecitas de vez en cuando

 

Imágenes del pasado que se estrellan en mi cabeza como aviones que caen de un cielo despejado

 

Me pregunto cuántas otras personas—por ejemplo, esos a quienes llamo "vanos" en el transcurso del día—se pasan las

manos por el pelo, como yo ahora, porque sienten pánico

 

Ya no es solo su manera de actuar lo que critican, sino todo su ser; en otras palabras, ha alcanzado la perfección como actor

 

Rostros que pueden desprender un destello de vida sólo en el momento de la muerte

 

Han sido cada vez más los momentos de quietud en los últimos días; me siento tranquilo, la ansiedad parece imposible

 

Un anuncio publicitario me dice que la vida es bella—lo tomo como un insulto a mi persona

 

La mala escritura: una traición

 

Otra idiotez literaria: una escritora, en vez de demostrar que todo el psicoanálisis es un invento, llama a inventar un psicoanálisis femenino, hecho por mujeres

 

Un momento de felicidad en el día: no me asalta ningún pensamiento

 

Cuánta retórica, aun en la más serena y natural de las relaciones

 

(la dificultad de escuchar fue el comienzo de mi doloroso encarcelamiento en mí mismo)

 

Silencio en el crepúsculo, sólo distantes sonidos de televisión; de repente, un pájaro revoloteando en los arbustos

 

Poco a poco, la quietud exterior de la noche se transmuta en calor interior

 

Estoy sentado en el jardín silencioso; dentro, la niña está en la cama, pasando las páginas de un libro

 

Aprender a controlar el impulso de socorrer a un niño cuando está empeñado en hacer algo difícil; no ayudar es en sí mismo una especie de ayuda, una muestra de simpatía; mientras que el impulso desesperado de ayudar es mera defensa en contra de actos asistenciales de mayor dificultad que serán necesarios más adelante

(Continuará)

*Publico aquí, por entregas, re-creados en español a partir de su traducción al inglés, pasajes escogidos de Peter Handke, The Weight of the World. A Journal (Collier Books, 1990); publicado originalmente en alemán bajo el título Das Gewicht der Welt (Residenz Verlag: Salzburg, 1977); traducido al inglés por Ralph Manheim (H.T.F.).