La última muerte de Fidel Castro

¿Qué Fidel ha muerto? Para la inmensa mayoría de los seres humanos es imposible aceptar que alguien viva con apego a sus valores, a su creencia en la utilidad de la virtud; para la inmensa mayoría de las personas, el desapego de los bienes materiales es imposible de concebir: todos tenemos un precio, piensan en voz baja, mientras se persignan… Que alguien viva y muera por sus ideales es impensable para muchas, muchas personas: eso es un sueño de juventud, dicen mientras apuran la cicuta de su desesperanza… Que lo dejes todo, que te quedes solo, que las calumnias cubran tu vida muy pocos están dispuestos a aceptarlo… ¿Cuántos en verdad tenemos fe? Fe ciega, absoluta, inconmovible en cualquier cosa, en Dios, en la verdad, en la justicia, en la revolución, en el mejoramiento humano, ¿cuántos tenemos fe? Esa inmensa mayoría que hoy celebra, abierta o calladamente, esos católicos que no pueden esconder su regocijo detrás de sus falsas plegarias, esos cristianos, tan buenos ellos y ellas, tan pro-vida, se ha sentido cuestionados por la verdad y la justicia que ese que dicen que ha muerto tuvo siempre como obsesiones supremas. Alguna vez Fidel y yo fuimos enemigos: yo desaprobaba a la revolución y a Fidel. Pero cuando conocí a los enemigos de mi enemigo, que debieron haber sido mis amigos, no les vi más obsesiones que la amargura y el odio. Entonces, comencé a revisar y repensar los fundamentos de mi desaprobación de la revolución y de Fidel que, claro, incluía contenidos emocionales. Y resulta que no éramos tan enemigos, que era más lo que nos acercaba que lo que nos separaba. ¿Dios en la tierra? No. ¿Modelo de virtudes? Tampoco. Pero es un hombre serio y empeñado en la verdad, en lo que él considera que es la verdad. No han podido derrotar a Cuba, porque trincheras de ideas valen más que trincheras de piedras, pero eso apenas se lo creen unos pocos… Ahora quieren usar trincheras de mercancías, y casi todos apuestan a que ahora sí le van a volar la tapa de los sueños a Cuba, y van a volver a perder, porque Fidel no ha muerto, porque su muerte (su cesación física) no es sino otro revés (el último que tendrá) que su sobrevida sabrá convertir en victoria.

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