Letra viva

Epílogo


El 3 de marzo, después de un demorado viaje de ocho días desde La Habana, José María Casal y su esposa llegaron a San Agustín, con las cartas y el dinero para el Padre Varela. El buque Isabel había encontrado mal tiempo frente a Savannah y había continuado viaje a Charleston, más al norte. Para sus propósitos, poco importaba el retraso, ya que el Padre había fallecido desde el día 18. Casal supo la noticia de la muerte, tan pronto llegó, por boca de quien lo atendió en el hotelito de la antigua y pequeñica ciudad floridana, quien le dijo que el Padre había fallecido el día 25 y lo habían sepultado el 26; al menos, así lo recordó Casal y lo trasmitió a los amigos cubanos...

Mons. Carlos Manuel de Céspedes

Cuba en la paz de Versalles

 

El Tratado ha sido acometido, por decirlo así, por la Cancillería cubana, con un gran descuido, con una evidente falta de preparación. Cuando allá en Versalles y en París se discutían ya los principios básicos que habían de formar el Tratado de Paz, todavía Cuba no había nombrado su delegado. En las primeras semanas de enero del año pasado, cuando ya Robert Cecil, Lansing y Wilson habían presentado determinados proyectos, que estaban discutiéndose y que trascendían a la prensa, en relación con la Liga de las Naciones, Cuba aún no tenía nombrada su delegación...

 

Fernando Ortiz

Mitos y cansancio clásico

 

Sólo lo difícil es estimulante; sólo la resistencia que nos reta, es capaz de enarcar, suscitar y mantener nuestra potencia de conocimiento, pero en realidad ¿Qué es lo difícil? ¿lo sumergido, tan solo, en las maternales aguas de lo oscuro?, ¿lo originario sin causalidad, antítesis o logos? Es la forma en devenir en que un paisaje va hacia un sentido, una interpretación o una sencilla hermenéutica, para ir después hacia su reconstrucción, que es en definitiva lo que marca su eficacia o desuso, su fuerza ordenacentista o su apagado eco, que es su visión histórica. Una primera dificultad es su sentido; la otra, la mayor, la adquisición de una visión histórica...

José Lezama Lima

Sobre el lenguaje figurado

 

El poeta no teoriza ni define, sino que, simplemente, nombra. Pero ¿qué sentido tendría volver a nombrar lo que ya está nombrado? Quiero decir: ¿qué sentido estético y creador? ¿No será que esas cosas del poeta se le aparecen a él, siempre, como islas sin nombres, como realidades, veladas, misteriosas y desconocidas? ¿No será que la poesía, ya en un plano óntico y no retórico, es catacresis esencial, nombrar esencialmente lo que no tiene nombre? De ser así, habría que concluir, por rigurosa analogía, que el lenguaje poético no es un lenguaje figurado. Lo que vendría a comprobar nuestra primera experiencia real como poetas o lectores, y es que, para las realidades que persigue la poesía, no hay otro nombre que el que ella les da. Y se lo da, no para embellecerlas sustituyendo el suyo propio, que en rigor no existe hasta entonces, sino para crear un nuevo lenguaje inmediato, directo y necesario. Las traslaciones de sentido, los tropos, no implican aquí sustitución sino apoderamiento de una realidad virgen. Las cosas de esa realidad se le revelan al poeta, y a nosotros en cuanto penetramos intuitivamente la génesis de su creación, como desconocidas e innominadas: oscuro anhelo nupcial de nombre...

 

Cintio Vitier

Caliban I

 

Un periodista europeo, de izquierda por más señas, me ha preguntado hace unos días: «¿Existe una cultura latinoamericana?». Conversábamos, como es natural, sobre la reciente polémica en torno a Cuba, que acabó por enfrentar, por una parte, a algunos intelectuales burgueses europeos (o aspirantes a serlo), con visible nostalgia colonialista; y por otra, a la plana mayor de los escritores y artistas latinoamericanos que rechazan las formas abiertas o veladas de coloniaje cultural y político. La pregunta me pareció revelar una de las raíces de la polémica, y podría enunciarse también de esta otra manera: «¿Existen ustedes?»... 

 

Roberto Fernández Retamar

El estilo que nos falta

 

 

Martí es una buena lectura para un 24 de febrero. Acaso sea mala lectura para siempre. El estilo de Martí corresponde, primero, a él mismo; luego, a su tiempo; final, y principalmente, a su circunstancia, que es una liga de destierro y aspiración. Me pasé este día leyendo a Martí —lo cual me parece mejor, en estos tiempos, que leer sobre Martí [...] Todo escrito corresponde, si es genuino, al instante en que lo ha sido. Cada hombre es parte, con su obra, del medio ambiental —histórico, social— en que vive y sueña. Si no es eso, es que se ha desprendido de sí mismo y se ha hecho ficción. Así, pues, todo pasado tiene, respecto del presente, algo de irrealidad confortadora, de evasión... 

 

Lino Novás Calvo

Indagación sobre el choteo

Tal vez haya sido motivo de extrañeza para algunos de ustedes el tema de esta conferencia. No parece un tema serio.
Esto de la seriedad, sin embargo, precisamente va a ocupar hoy un poco nuestra atención. El concepto de lo serio es en sí sobremanera difuso. Muchas cosas tenidas por serias se revelan, a un examen exigente, inmerecedoras de ese prestigio; son las cosas Pacheco. Y, al contrario, las hay que, tras un aspecto baladí e irrisorio, esconden esencial importancia, como esos hombres que andan por el mundo con alma de ánfora en cuerpo de cántaro...

Jorge Mañach

.

El ensayo como género

 

El auge que ha tenido el ensayo en los últimos cincuenta años es común a la literatura española y a la hispanoamericana. El género (si hemos de aceptar esta categoría estética después de la negación de Croce) ha aclarado su perfil en la prosa.) Sin embargo, el término ensayo tiene dos inconvenientes, al menos en nuestro idioma. Uno consiste en que se emplea también en las acepciones de prueba y de tarea de principiante, cosas que nada tienen que ver con el concepto de ensayo en literatura. El otro se debe a la amplitud con que hoy se denomina ensayo a escritos que en rigor no lo son...

 

Medardo Vitier

La ciudad de las columnas

 

El aspecto de La Habana, cuando se entra en su puerto —escribía Alejandro de Humboldt en los primerísimos años del siglo pasado- es uno de los más rientes y de los más pintorescos que puedan gozarse en el litoral de la América equinoccial, al norte del ecuador. Este lugar, celebrado por los viajeros de todas las naciones, no tiene el lujo de vegetación que adorna las orillas del río Guayaquil, ni la salvaje majestad de las costas rocosas de Río de Janeiro, puertos del hemisferio austral, pero la gracia que, en nuestros climas, embellece los paisajes de naturaleza culta, se mezcla aquí a la majestad de las formas vegetales, al rigor orgánico que caracteriza la zona tórrida. Solicitado por tan suaves impresiones, el europeo se olvida del peligro que le amenaza en el seno de las ciudades populosas de las Antillas; trata de entender los elementos diversos de un vasto paisaje, contemplar esas fortalezas que coronan las rocas al este del puerto, ese lago interior, rodeado de poblados y de haciendas, esas palmeras que se elevan a una prodigiosa altura; esta ciudad, medio oculta por una selva de mástiles y los velámenes de las naves... 

 

Alejo Carpentier

La historia como arma

Resulta sorprendente replantearse ahora, después de tantas vueltas sobre el tema, cuál ha de ser o—en forma imperativa— cuál debe ser la función de un historiador en la sociedad socialista. Sin embargo, creemos imprescindible este planteamiento porque el proceso revolucionario cubano, barriendo todas las antiguas jerarquías, nos ha hecho volver a las preguntas iniciales. Hoy, todo intelectual honesto está necesitado de un análisis y recuento de su actitud, y los historiadores no son una excepción. No podemos vivir en la sociedad nueva con las viejas concepciones históricas: ésta es una frase repetida hasta el infinito. Pero ¿qué hemos hecho por la creación de la nueva historia, del nuevo historiador?...

Manuel Moreno Fraginals